
Durante años, identificar un intento de fraude digital parecía responder a unas reglas relativamente sencillas: desconfiar de remitentes desconocidos, buscar errores ortográficos, evitar enlaces extraños o sospechar de mensajes poco habituales. Sin embargo, como advierte TrendAI™, unidad de negocio enterprise de Trend Micro a inteligencia artificial está haciendo desaparecer estas pistas. Un correo fraudulento puede estar perfectamente redactado, reproducir el tono de un directivo y referirse a una operación aparentemente verosímil.
Este cambio está obligando a replantear también la formación en ciberseguridad. Ya no se trata de enseñar únicamente al empleado a reconocer un fraude, sino a entrenarle a detectar cuándo una situación no encaja, aunque el mensaje, la llamada o el documento que tiene delante resulten aparentemente legítimos.
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