
Consultar un síntoma antes de pedir cita, pegar el resultado de una analítica para entender qué significa o preguntar si un tratamiento puede tener efectos secundarios se ha convertido en un gesto cada vez más habitual entre usuarios que buscan respuestas rápidas sobre su salud. Los chatbots de IA están disponibles a cualquier hora, responden en segundos y lo hacen con un tono tan seguro que pueden parecer una primera consulta médica. Sin embargo, esa comodidad también abre una zona de riesgo: una recomendación convincente puede no ser correcta y, al mismo tiempo, el usuario puede estar compartiendo información médica especialmente sensible con servicios cuyas garantías de privacidad, obligaciones legales o prácticas de intercambio de datos no siempre son equivalentes a las de un entorno sanitario.
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