
Para el sector educativo, la ciberseguridad no consiste únicamente en preservar la reputación y minimizar el impacto financiero. También desempeña un papel fundamental en la protección del bienestar de los estudiantes y en garantizar que cada niño, adolescente y joven pueda desarrollar plenamente su potencial académico. El reto al que se enfrentan escuelas, institutos y universidades es que sus recursos resultan cada vez más insuficientes frente a adversarios ágiles y decididos.
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