
Consultar la carta de un restaurante, pagar un aparcamiento, alquilar una bicicleta, acceder a la red wifi de un hotel o descargar una entrada son acciones que cada vez realizamos con mayor frecuencia mediante códigos QR. Su rapidez y comodidad han convertido estos códigos en una herramienta habitual, especialmente durante los meses de verano, cuando aumentan los desplazamientos, las visitas a establecimientos y el uso de servicios turísticos. Sin embargo, esa misma familiaridad está siendo aprovechada por los ciberdelincuentes.
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