
Para entender esta novela, primero hay que bajar al sótano. Literalmente. La Unidad de Casos Perdidos no es el departamento más glamuroso de la policía sueca. Es el lugar donde terminan los expedientes que nadie quiere, las investigaciones que incomodan a los de arriba y los agentes que, como Leo Asker, son demasiado íntegros o demasiado «complicados» para los despachos con vistas a la ciudad.
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