
La inteligencia artificial se está incorporando cada vez más a los procesos industriales, al trabajo intelectual y a la vida cotidiana. Se observa que el rendimiento de muchas aplicaciones de IA no se ve limitado tanto por la potencia de cálculo como por la infraestructura de red subyacente. En particular, están cobrando importancia la baja latencia, la estabilidad y los anchos de banda simétricos (velocidades de descarga y carga iguales).
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