
El verano no solo supone un reto para la continuidad del negocio por la reducción de personal y los cambios operativos propios del periodo vacacional. También representa una ventana de oportunidad para los ciberdelincuentes, especialmente en sectores de alta actividad estacional como el turismo, la hostelería, el transporte o la logística.
Aunque las estadísticas de los últimos años no reflejan un incremento significativo del número de ataques durante los meses estivales, organismos como ENISA o CERT-EU advierten de que las organizaciones con mayor dependencia de la disponibilidad de sus sistemas se convierten en objetivos especialmente atractivos para campañas de ransomware y otras amenazas. A ello se suma la rápida evolución de la inteligencia artificial, que está acelerando el descubrimiento y la explotación de vulnerabilidades por parte de actores maliciosos.
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