
En España y en todo el mundo, las pantallas forman parte de prácticamente todos los momentos de nuestro día. Nos despiertan, nos acompañan durante el trabajo, nos ayudan a estudiar, orientarnos o comunicarnos y, al final de la jornada, nos sumergen dentro de una película o serie. Ya no recurrimos a ellas en momentos concretos y aislados: pasamos de una pantalla a otra según lo que estamos haciendo, dónde nos encontramos o lo que necesitamos.
Esta nueva relación con la tecnología también está cambiando la manera de entender la innovación en pantallas. Ya no se trata únicamente de ofrecer más resolución, brillo o velocidad, sino de desarrollar dispositivos capaces de adaptarse a este ritmo de vida.
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