
En la era digital, la inteligencia artificial (IA) se ha convertido en el gran aliado de las marcas para optimizar su estrategia. Sin embargo, cada vez son más los casos en los que los proyectos de IA fracasan no por limitaciones técnicas, sino por la baja calidad de los datos que los alimentan. El error de creer que “la IA lo resolverá todo” sin una base sólida de información puede llevar a decisiones erróneas con consecuencias directas en el negocio.
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