España se sitúa entre los mercados más avanzados en digitalización empresarial

Namirial, multinacional tecnológica europea especializada en soluciones de identidad digital y servicios de confianza, presenta por primera vez en España los resultados de su Barómetro Europeo de la Confianza Digital 2026. El estudio sitúa a las compañías españolas por encima de la media de los cuatro mercados analizados -España, Francia, Alemania e Italia- en digitalización y apunta a una nueva fase de la transformación, en la que cobran peso la integración de los procesos, la seguridad y la necesidad de justificar cada nueva inversión.

Esta posición se apoya en una digitalización ya extendida en la operativa cotidiana y especialmente avanzada en procesos complejos como la incorporación de clientes. A partir de ese punto, el reto cambia. Las compañías necesitan que la tecnología no solo agilice tareas, sino que encaje con sus sistemas, mantenga las garantías de identidad y trazabilidad y aporte un retorno claro al negocio.

Gertrudis Camps Adserà, Global Head of Corporate Communications de Namirial, señala que “las empresas españolas han recorrido ya una parte importante del camino de la digitalización. Entramos ahora en una etapa en la que no basta con incorporar nuevas herramientas. Cada inversión debe demostrar que mejora la operativa, pero también que aporta seguridad, capacidad de integración y confianza. Ahí estará buena parte del siguiente salto de la transformación digital”.

Una digitalización ya extendida

Con una media de 4 procesos digitalizados por empresa, España se sitúa por encima de los 3,8 del conjunto de los cuatro mercados analizados. Esa posición responde a una implantación amplia en la operativa diaria. El 77% de las compañías ya ha digitalizado el archivo de documentos, el 64% la gestión de pagos y transacciones digitales, el 61% la gestión y firma de contratos y el 55% la verificación y autenticación de identidad.

La diferencia más clara aparece en la incorporación de clientes. El 65% de las empresas españolas ya ha digitalizado este proceso, frente al 49% de Francia, el 46% de Italia y el 35% de Alemania. Se trata, además, de un proceso especialmente complejo, ya que reúne identificación, comprobación documental, autenticación y, en sectores regulados, obligaciones KYC dentro de una misma experiencia de alta.

Por esa complejidad, el Barómetro identifica la incorporación de clientes como una de las tareas más difíciles de completar digitalmente en Europa. El avance de España indica que una parte significativa de las compañías ha ido más allá de sustituir pasos manuales y refleja un mayor avance en la integración de los distintos controles que deben convivir dentro de una misma experiencia digital. Ese mayor grado de implantación no significa que la transformación esté resuelta. A medida que los procesos más habituales se consolidan, el foco se desplaza hacia el coste de las nuevas inversiones, su integración con los sistemas existentes y el valor que aportan al negocio.

El presupuesto frena el siguiente salto

El 49% de los responsables españoles señala el presupuesto disponible como el principal obstáculo para seguir avanzando. Le siguen la resistencia al cambio, con un 47%, y la regulación, con un 44%. La financiación de los proyectos también encabeza los frenos identificados en Francia y Alemania, una señal de que el desafío se está desplazando desde la disponibilidad de tecnología hacia la capacidad de financiarla, integrarla y obtener resultados concretos.

En este escenario, decidir dónde invertir se vuelve más exigente. Las empresas tienen que valorar cuánto mejora un proceso, cómo encaja con la infraestructura existente y qué garantías ofrece en seguridad, trazabilidad y cumplimiento. Cuando el presupuesto pasa a primer plano, cada nueva inversión necesita demostrar su utilidad más allá de la promesa de digitalizar más.

Los beneficios que las compañías españolas ya perciben ayudan a entender esa búsqueda de retorno. El 55% destaca la reducción de errores y el 49% el aumento de la productividad. Son mejoras ligadas a la operativa diaria y muestran que la digitalización se valora, sobre todo, por su capacidad para simplificar tareas, reducir incidencias y hacer más eficientes los procesos.

El siguiente salto exige, además, que las soluciones puedan conectarse entre sí, mantener la validez y la trazabilidad de las transacciones y adaptarse a un entorno regulatorio en evolución. El Barómetro refleja así el paso de una digitalización centrada en incorporar herramientas a otra más vinculada a la confianza con la que esas herramientas funcionan juntas.

La confianza gana peso

Las prioridades de inversión muestran que las empresas españolas empiezan a ir más allá de la digitalización de los procesos más habituales. La gobernanza de los datos encabeza las inversiones previstas, señalada por el 42% de las compañías, seguida muy de cerca por la automatización y la inteligencia artificial, con un 40%, y por la identidad y autenticación, con un 33%.

Los datos apuntan a una transformación en la que seguridad, gestión de la información y automatización empiezan a avanzar de forma conjunta. No se trata solo de incorporar nuevas herramientas, sino de asegurar que los datos estén bien gobernados, que las identidades puedan verificarse con garantías y que los procesos puedan automatizarse sin perder control ni trazabilidad.

Esta evolución también se refleja en cómo las empresas españolas imaginan la confianza digital a medio plazo. De cara a 2028, el 32% la considera un requisito previo para el crecimiento y otro 28% una ventaja competitiva, mientras que el cumplimiento normativo queda en tercera posición, con un 21%. España es, además, el único de los cuatro mercados analizados donde el crecimiento aparece por delante del cumplimiento como principal asociación futura con la confianza digital.

Para Namirial, este cambio refleja una etapa más madura, en la que identidad, firma, gestión del dato, cumplimiento y automatización dejan de entenderse como piezas independientes. La confianza digital empieza así a convertirse en una condición para que los procesos puedan escalar, conectarse entre sí y sostener nuevas formas de relación con clientes, proveedores y administraciones.

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