
Durante años se nos dijo que el futuro del hogar se construiría sobre pantallas individuales y silenciosas: el smartphone para las redes sociales, la tablet para las series antes de dormir y el portátil para el trabajo o el juego en solitario. Parecía que el televisor del salón estaba destinado a quedar relegado en un segundo plano. Sin embargo, este verano parece que va a suceder justo lo contrario.
El auge de las retransmisiones deportivas en directo, el fenómeno del streaming y el deseo de compartir el ocio han devuelto el protagonismo a la pantalla principal de la casa. Hoy, el salón vuelve a ser un espacio vivo donde se improvisa una cena fría porque el partido va a la prórroga, se reúne toda la familia para debatir el final de una película o se comparte una tarde de risas con un mando en las manos. Cuanto más inmersiva es la experiencia, más ganas tenemos de vivirla juntos.
Sigue leyendo