Cada vez más hogares con televisores más grandes: TCL lidera la transición hacia el gran formato

Durante años se nos dijo que el futuro del hogar se construiría sobre pantallas individuales y silenciosas: el smartphone para las redes sociales, la tablet para las series antes de dormir y el portátil para el trabajo o el juego en solitario. Parecía que el televisor del salón estaba destinado a quedar relegado en un segundo plano. Sin embargo, este verano parece que va a suceder justo lo contrario.

El auge de las retransmisiones deportivas en directo, el fenómeno del streaming y el deseo de compartir el ocio han devuelto el protagonismo a la pantalla principal de la casa. Hoy, el salón vuelve a ser un espacio vivo donde se improvisa una cena fría porque el partido va a la prórroga, se reúne toda la familia para debatir el final de una película o se comparte una tarde de risas con un mando en las manos. Cuanto más inmersiva es la experiencia, más ganas tenemos de vivirla juntos.

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Durante años, elegir un televisor parecía una cuestión sencilla: más pulgadas y más resolución equivalían a una mejor experiencia. Pero en un mercado donde prácticamente todos los modelos ofrecen 4K y pantallas cada vez más grandes, la verdadera diferencia ya no está solo en lo que vemos, sino en cómo se construye la imagen.

Porque dos televisores con la misma resolución pueden ofrecer experiencias completamente distintas. Basta con reproducir una película con escenas oscuras, un partido de fútbol a plena luz del día o una serie con un alto contraste para descubrir que la calidad de imagen depende, en gran medida, de algo que el usuario no ve: la forma en la que el televisor controla la luz.

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Hay momentos que ya no queremos simplemente verlos, queremos sentirlos. Una noche de cine en familia con las luces apagadas, una partida gaming frenética con tus amigos o ese gol decisivo de tu selección que paraliza el salón entero durante unos segundos.

La forma en la que vivimos el entretenimiento ha cambiado radicalmente, y con ella también han evolucionado nuestras expectativas sobre una televisión premium. Hoy, el consumidor ya no busca únicamente más pulgadas. Busca experiencias más inmersivas, imágenes más realistas y pantallas capaces de rendir en situaciones cotidianas: un salón lleno de luz natural durante el día, una retransmisión deportiva en directo, unos efectos especiales que exigen la máxima riqueza visual para atrapar tus sentidos o una sesión gaming en gran formato.

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