
La creciente digitalización del transporte ha ampliado significativamente la superficie de ataque: ransomware contra fabricantes, sabotaje de flotas, manipulación de envíos y ataques a infraestructuras de recarga eléctrica figuran entre los principales riesgos identificados para 2026.
Los vehículos modernos se han convertido en complejos dispositivos digitales, con amplias capacidades de comunicación remota y conexión constante a infraestructuras en la nube. Esta evolución no solo incrementa las funcionalidades, sino también los riesgos.
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