
Tras un 2025 marcado por la experimentación, el 2026 se presenta como un punto de inflexión en la adopción de la inteligencia artificial en las compañías. La fase de pruebas ha quedado atrás y la intencionalidad actual es clara, la IA se ha de aplicar para solucionar problemas reales, es decir, impactando de manera tangible en la organización y generando un retorno directo de la inversión.
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