
Hoy, España avanza hacia unas redes eléctricas cada vez más inteligentes, digitales y flexibles. Un sistema energético sostenible demanda el desarrollo de infraestructuras digitales eficientes y seguras, lo que implica la integración de miles de dispositivos IoT, sistemas de comunicaciones y plataformas de operación. Estos dispositivos dotan a los centros de operación de las distribuidoras eléctricas de un input muy valioso para tomar decisiones en tiempo real, pero tal y como advierte la multinacional tecnológica de origen español Babel, también hacen crecer la complejidad en los ecosistemas de Smart Grids.
En las pruebas piloto habituales de los dispositivos IoT se comprueba su funcionamiento y sus especificaciones técnicas y funcionales. Aparentemente, todo funciona. “Los problemas empiezan cuando estos dispositivos se despliegan a escala y en un entorno mucho más complejo. Los mayores riesgos no suelen estar en el dispositivo, sino que ocurren cuando diferentes tecnologías, fabricantes y sistemas tienen que funcionar juntos en producción”, explica Martín López Lozano, Senior Manager de Energy & Utilities en Babel. La manera de evitar estos riesgos, según el experto de Babel, es con pruebas y validaciones en entornos controlados, como los que reproducen los Smart Labs.
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