
Un hotel que alcanza la máxima ocupación y conserva su ritmo operativo día con día cuenta con una integración tecnológica que lo sostiene. Esa es la lectura que confirmo cada temporada alta con los directores de la industria en México. La ocupación máxima representa el resultado visible de una arquitectura que funciona como un solo sistema desde antes del pico de máxima ocupación; la fluidez en la gestión durante las semanas de mayor demanda es la prueba de que esa estructura está bien concebida.
Para agosto, Sectur proyecta una ocupación hotelera promedio nacional de 65% para el periodo vacacional del 20 de julio al 30 de agosto —dos puntos porcentuales por encima del verano anterior—, con Cancún liderando con 67.9% y Puerto Vallarta con 64.4%. Se estima la llegada de más de 22.4 millones de turistas a hoteles del país y una derrama económica de 883,000 millones de pesos. Esta demanda multiplica de forma paralela la carga sobre los accesos, la energía, las redes y el personal, exponiendo la capacidad de integración de cada propiedad en cuestión de días.
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