
El sector bancario lleva años reforzando sus defensas frente a un entorno digital cada vez más hostil. Ataques externos, campañas masivas de phishing y ransomware o sofisticadas intrusiones forman parte del día a día de los departamentos de ciberseguridad. Sin embargo, existe un tipo de amenaza que, por su naturaleza, resulta aún más compleja de gestionar: la que surge dentro de la propia organización.
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