
La educación financiera es clave para tomar decisiones económicas informadas, entender los riesgos y planificar el futuro con mayor confianza. En el marco del Día de la Educación Financiera (5 de octubre), el Barómetro Mintos 2026 analiza cómo cambia la relación de los españoles con la inversión según la edad y revela impactantes diferencias en sus conocimientos percibidos y fuentes de información.
En un contexto en el que las generaciones más jóvenes conviven con una amplia oferta de contenidos digitales sobre inversión, los datos muestran que el acceso a la información no elimina necesariamente las dudas a la hora de tomar decisiones financieras. Aunque el 32 % de los menores de 35 años se consideran bien informados, persiste una importante brecha de conocimientos: casi 4 de cada 10 reconocen tener pocos o ningún conocimiento al respecto. El contraste es aún más marcado entre las personas de 55 años o más, donde solo el 13 % se siente informado y casi 6 de cada 10 admiten carecer de conocimientos.
Generación Z y millennials apuestan más por las redes sociales a la hora de informarse
La forma de acceder a información sobre inversiones cambia con la edad. Casi un cuarto (27%) de los menores de 35 años señala las redes sociales como una de sus fuentes de aprendizaje, frente al 17% de las personas de entre 35 y 54 años y el 7% de los mayores de 55.
Las fuentes online (páginas web, blogs, pódcast y cursos digitales) también tienen relevancia entre los grupos más jóvenes y de mediana edad, ya que casi una cuarta parte de los encuestados menores de 35 años y de los que tienen entre 35 y 54 años (ambos con un 26%) las mencionan, frente al 17% de los mayores de 55. En este último grupo, los asesores financieros tienen un peso mayor, el 22% los identifica como fuente de aprendizaje.
El miedo a perder dinero sigue siendo una barrera para invertir
Entre las personas que no invierten actualmente, las barreras también varían por edad. La falta de confianza en los propios conocimientos sobre inversión o no saber por dónde empezar es señalada por el 29% de los menores de 35 años, el 25% de las personas de entre 35 y 54 años y el 20% de los mayores de 55. El miedo a perder dinero presenta otra diferencia significativa y afecta al 34% de los no inversores menores de 35 años.
Por su parte, la falta de dinero para invertir adquiere mayor relevancia en los grupos de más edad. El 26% de los no inversores menores de 35 años señala esta barrera, comparado con aproximadamente 2 de cada 5 personas mayores de 55 años.
Los datos reflejan que las barreras para invertir no son iguales en todas las etapas de la vida. Mientras que el temor a perder dinero tiene mayor presencia entre los menores de 55 años, la falta de recursos económicos para invertir destaca entre los mayores de 55. “Esto evidencia dos retos distintos, tener la confianza necesaria para tomar decisiones financieras y disponer de los medios económicos para llevarlas a cabo. En Mintos, animamos a las personas a empezar a invertir pronto para generar patrimonio a largo plazo, y nos comprometemos a que esto sea accesible para todo el mundo. Por eso permitimos inversiones a partir de tan solo 1€, para que cualquiera pueda iniciar su camino en el mundo de la inversión, independientemente de su capital inicial”, añade Martins Sulte, CEO y cofundador de Mintos.
Entender cómo funciona la inversión es clave para dar el primer paso
La disposición a empezar a invertir también presenta diferencias generacionales. Entre quienes no invierten actualmente o dejaron de hacerlo, el 55% de los menores de 35 años afirma que podría empezar a invertir en el futuro, frente al 27% de los mayores de 55.
El interés por aprender no se limita a quienes ya invierten. Casi 3 de cada 10 afirman que comprender mejor cómo funciona la inversión les motivaría a empezar a invertir o a seguir haciéndolo, lo que pone de relieve la importancia de la educación.
La educación financiera en las universidades, un modelo de éxito para otros países
La investigación pone de manifiesto una conclusión clave, para transformar la información en conocimiento, es necesaria una educación estructurada. Cada vez más países están reconociendo esta necesidad. Por ejemplo, en Estados Unidos, 30 estados ya exigen cursar una asignatura de finanzas personales para graduarse. Ahora, inversores internacionales y responsables políticos están impulsando la adopción de requisitos similares en Europa.
En Letonia, Mintos y las asociaciones fintech locales están trabajando con los responsables políticos para introducir una asignatura obligatoria de finanzas personales en las universidades, con el objetivo de garantizar que los estudiantes, antes de incorporarse al mercado laboral, comprendan conceptos básicos como la elaboración de presupuestos, el ahorro para imprevistos y la inversión. Este modelo podría aplicarse también en España, donde la educación financiera aún no constituye una asignatura obligatoria y específica en las universidades, aunque el Banco de España ha comenzado a impulsar programas universitarios dirigidos a estudiantes de todas las facultades, como por ejemplo, el primer programa de este tipo que se puso en marcha el pasado julio de 2026 en la Universidad de Castilla-La Mancha.
“La educación financiera no debería dejarse al azar ni depender de las redes sociales. Debe formar parte del aprendizaje en las aulas, donde los estudiantes puedan aprender de profesionales cualificados”, afirma Martins Sulte, CEO y cofundador de Mintos.
“Introducir un curso breve y obligatorio de educación financiera en las universidades españolas sería una medida sencilla y eficaz para contribuir a formar una generación con mayor confianza y conocimientos a la hora de gestionar sus finanzas”, concluye Sulte.