
Durante los meses de verano, muchas compañías experimentan una disminución temporal en su capacidad operativa: equipos reducidos por vacaciones, menor disponibilidad de mandos intermedios y una planificación a medio gas. Sin embargo, para el sector bancario, donde los servicios deben mantenerse activos los 365 días del año, este contexto supone un reto estructural que no siempre ha estado bien resuelto.
Sigue leyendo







