
En El cuarto mono, la novela no solo presentaba a un asesino en serie meticuloso y perturbador, sino que establecía un listón narrativo altísimo. Mantener el pulso tras un debut tan arrollador parecía una tarea titánica, pero J.D. Barker demostró que el laberinto de su mente criminal solo estaba empezando a desplegarse. Con La quinta víctima, la segunda entrega de la trilogía, el autor no solo sostiene la tensión de su predecesora, sino que expande su universo de una manera tan adictiva como terrorífica, regalándonos una obra que se sitúa a caballo entre el policial procedimental más puro y el terror sicológico más asfixiante.
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