
Namirial, multinacional tecnológica europea especializada en soluciones de identidad digital y servicios de confianza, analiza los usos y la introducción de la IA entre los empresarios españoles en su Barómetro Europeo de la Confianza Digital 2026. El estudio muestra que la automatización es el principal ámbito en el que las empresas españolas esperan que la inteligencia artificial genere valor, señalada por el 52% de los responsables.
Más que una apuesta genérica por la tecnología, la fotografía española concentra las expectativas en tareas muy ligadas a la actividad diaria. Revisar información, apoyar decisiones o automatizar procesos repetitivos aparecen antes que otros usos más sofisticados. Al mismo tiempo, cuanta más autonomía puede asumir una herramienta, más importancia adquieren la supervisión humana, la trazabilidad y la capacidad de explicar sus decisiones.
Gertrudis Camps Adserà, Global Head of Corporate Communications de Namirial “La inteligencia artificial empieza a aterrizar en problemas muy concretos de las empresas. El reto ya no es incorporar IA porque sí, sino identificar dónde aporta valor y con qué garantías debe funcionar. Cuando una herramienta interviene en decisiones o procesos sensibles, el control humano, la trazabilidad y la capacidad de explicar qué ha ocurrido pasan a formar parte del propio valor de la solución”.
La IA aterriza en tareas concretas
En España, más allá de la automatización de procesos, se suman el apoyo a la toma de decisiones, con un 41%, y el análisis de documentos, con un 38% como dos de los ámbitos en el que la IA generará más valor. Los tres ámbitos responden a una misma lógica. Las compañías esperan que la tecnología reduzca carga operativa, agilice el tratamiento de información y ayude a tomar decisiones con más contexto, antes que sustituir por completo la intervención humana.
La comparación europea muestra que no existe una única puerta de entrada para la IA. Francia también sitúa la automatización en primera posición, con un 45%, mientras Alemania prioriza el análisis de documentos, con un 42%. Italia presenta un enfoque distinto y concentra las expectativas en la detección del fraude, señalada por el 64%, y el control del cumplimiento normativo, con un 59%.
Estas diferencias reflejan necesidades empresariales distintas más que una carrera por adoptar la tecnología. En España, el valor esperado se concentra en mejorar la operativa y el tratamiento de información. En Italia, en cambio, pesa más la aplicación de la IA a funciones de control y riesgo. El Barómetro apunta así a hojas de ruta distintas según el problema que cada organización necesita resolver.
Más autonomía exige más control
El salto hacia sistemas capaces de ejecutar o coordinar acciones de forma más autónoma ya empieza a tomar forma en los casos de uso que identifican las compañías. En España, el 35% señala la asistencia a usuarios y el 31% la detección proactiva del fraude. La orquestación de flujos de trabajo y la supervisión del cumplimiento normativo alcanzan ambas el 24%, mientras un 20% menciona la figura del agente de confianza.
El grado de definición de estos usos sitúa a España por delante de Francia y Alemania. Solo el 21% de las empresas españolas afirma que todavía no ha identificado un caso de uso claro para la IA agéntica, frente al 35% en ambos mercados. Italia registra el porcentaje más bajo, con un 12%. El dato no implica que estos sistemas estén ya desplegados, pero sí que las compañías empiezan a identificar dónde podría tener sentido delegar determinadas tareas.
Esa mayor autonomía también eleva las exigencias de confianza. La pérdida de control humano obtiene en España una puntuación relativa de 47,9 y la explicabilidad de las decisiones, de 45,7, dos de las preocupaciones más destacadas del mercado español. El indicador combina la frecuencia con la que se menciona cada cuestión y la prioridad que le asignan los encuestados, por lo que no equivale a un porcentaje de empresas.
El cumplimiento normativo figura, además, entre las cuatro principales preocupaciones en los cuatro mercados analizados. En Francia y Alemania gana peso la confidencialidad de los datos, mientras Italia destaca por la dependencia de proveedores no europeos. La confianza en la IA, por tanto, no se juega solo en la calidad de una respuesta. También depende de quién controla los datos, cómo se delimitan las responsabilidades y qué evidencia queda cuando una herramienta actúa.
Para las empresas, este escenario obliga a introducir las garantías desde el diseño. Automatizar una tarea puede ahorrar tiempo, pero su valor se reduce si después no es posible reconstruir qué información se utilizó, por qué se tomó una decisión o cuándo debía intervenir una persona. Esa necesidad será especialmente relevante a medida que los agentes puedan ejecutar más acciones de forma autónoma.
Para Namirial, esta evolución refuerza la necesidad de que identidad, datos, cumplimiento y automatización funcionen de forma coordinada. A medida que la IA gana presencia en procesos críticos, la confianza deja de ser una comprobación posterior y pasa a convertirse en una condición para escalar los casos de uso con seguridad.
Puedes acceder a más información sobre el Barómetro Europeo de la Confianza Digital 2026 aquí.