El 76% de los profesionales de la construcción en Madrid alerta de que el delito en obra se dispara en otoño e invierno

Con el cambio de hora de finales de octubre, los recintos de proyectos en construcción se quedan a oscuras cada vez más temprano. Cuando la última cuadrilla cierra, en muchos recintos quedan a la vista bobinas de cable o cuadros eléctricos recién instalados. Para quien sabe lo que busca, ese es el momento de actuar.

Quienes trabajan en el sector lo conocen bien. Tres de cada cuatro profesionales de la construcción en la Comunidad de Madrid (76%) afirman que los robos y las intrusiones son más frecuentes en otoño e invierno, siete puntos por encima de la media española (69%). Así lo revela el Informe de Criminalidad 2026 de BauWatch, la compañía especializada en videovigilancia móvil con Inteligencia Artificial.

Lo llamativo es que esta amenaza no encuentra a un sector desarmado. Madrid es, de hecho, una de las regiones mejor equipadas del país: el 53% de las empresas madrileñas ya utiliza soluciones de control de accesos (frente al 43% nacional), el 37% cuenta con monitorización 24 horas (29% en España) y el 47% protege sus recintos con vallado perimetral (41%). Y cuando algo ocurre, la respuesta funciona: el 63% califica como «buena» o «excelente» la rapidez de actuación de las empresas de seguridad ante un intento de delito, trece puntos más que la media estatal (50%).

Un riesgo que no aparece en el presupuesto

Entonces, ¿dónde está el fallo? Los propios profesionales lo sitúan antes de colocar la primera piedra. Entre quienes reconocen que la seguridad no fue una prioridad en sus obras, casi la mitad (45%) lo atribuye a una infravaloración del riesgo, frente al 29% del conjunto de España. El dinero, en cambio, pesa mucho menos que en otras regiones: solo el 18% lo achaca a restricciones presupuestarias, frente al 31% nacional. Otro 36% apunta a una planificación deficiente.

Dicho de otro modo, en Madrid el problema no suele ser la falta de medios, sino el momento en que se decide usarlos. «Los datos de Madrid muestran una paradoja: tenemos un sector maduro, dispuesto a invertir en tecnología y con buena respuesta ante incidentes, pero que a menudo subestima el riesgo en el arranque de la obra. Cuando la seguridad se trata como un elemento secundario y no como un pilar desde la licitación, el proyecto queda expuesto a incidentes que eran evitables. La prevención efectiva empieza en la fase de planificación«, explica Ignacio González Medina, director general de BauWatch España.

Mientras tanto, al otro lado de la valla, la delincuencia se ha especializado. El 58% de los profesionales madrileños percibe un aumento del delito en obra en el último año y el 85% describe a los autores como profesionales, con tácticas cada vez más sigilosas y coordinadas. El delito oportunista externo sigue siendo el más habitual (53%), siendo habitual que conozcan en qué fase de la obra se instala el cableado y cuándo se queda vacía.

No es casual que el cobre y el cable sean los materiales más robados para casi la mitad de los encuestados (48% en ambos casos). Tampoco lo es que tres de cada diez profesionales reconozcan que les ofrecen con frecuencia material sospechoso o robado para su propia obra, ni que más de la mitad (55%) haya recibido ofertas informales de «protección». Uno de cada cinco (20%) admite haber llegado a pagarla.

En cuanto a las consecuencias, el 45% de quienes han sufrido un delito vio cómo su proyecto se retrasaba, en la mayoría de los casos entre una y dos semanas. Y el golpe se extiende a toda la cadena: una de cada cuatro subcontratas madrileñas (25%) sufrió perjuicios económicos o fue objetivo directo del robo.

¿Qué es lo que pide el sector?

El 55% de los profesionales madrileños considera que la seguridad debe planificarse desde la fase estratégica del proyecto (presupuesto y licitación), nueve puntos más que la media nacional (46%). Y el 46% cree que una regulación más estricta por parte de las administraciones sería lo que llevaría definitivamente al sector a tomarse la seguridad en serio, frente al 32% en el conjunto de España.

«Los próximos meses son los de mayor exposición del año, pero todavía hay margen para actuar. Revisar ahora los puntos ciegos del perímetro, los horarios en que la obra queda vacía y qué material se almacena a la vista puede marcar la diferencia antes de que llegue el invierno. Hoy la tecnología permite vigilar un recinto de forma autónoma, distinguir una intrusión real de una falsa alarma y avisar a la policía en segundos. Un retraso de dos semanas por un robo de cable cuesta mucho más que prevenirlo«, concluye Ignacio González Medina.

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