
Check Point® Software Technologies Ltd., pionero y líder global en soluciones de ciberseguridad, ha advertido sobre los nuevos desafíos que plantea la rápida evolución de los asistentes personales de IA, que están pasando de responder preguntas a ejecutar acciones de forma autónoma en nuestros dispositivos. A medida que estas herramientas integran un acceso más profundo al correo electrónico, archivos e información financiera, los expertos alertan de que la conversación sobre la IA debe dar un giro fundamental: ya no basta con debatir sobre la privacidad, sino sobre la gestión de permisos, el control y la seguridad del acceso.
“Si bien la vanguardia de la IA está avanzando hacia áreas que antes parecían de ciencia ficción, resolviendo problemas abiertos en matemáticas y física, no podemos ignorar el lado más práctico de esta transformación: la IA ya no es solo un chatbot. Estamos dando cada vez más acceso a los asistentes de IA a la información de nuestros dispositivos personales y una mayor libertad para realizar acciones en nuestro nombre. Podemos ver ejemplos de ello en la rápida adopción de herramientas como Claude Code y Codex, así como en el lanzamiento de ayer de Muse y la creciente atención en torno a asistentes personales como Instinct”, afirma Eli Smadja, director de Check Point Research.
“Sin embargo, a medida que estos sistemas se vuelven más capaces, las implicaciones de seguridad crecen en consecuencia. Un asistente de IA debería considerarse cada vez más casi como otro usuario dentro de su cuenta. Si tiene acceso al correo electrónico, archivos, información financiera u otras aplicaciones, un atacante que consiga manipular al agente podría obtener efectivamente una llave maestra para acceder a esos recursos. El riesgo se agrava por el hecho de que el asistente no opera únicamente con la información proporcionada directamente por el usuario. También se nutre de contenido externo como páginas web, documentos y correos electrónicos, que pueden contener instrucciones maliciosas diseñadas para influir en su comportamiento”, añade.
Según Eli Smadja, los usuarios deben preguntarse qué es lo que se le permite hacer al asistente. Y es aquí donde cobra más sentido el principio de menor privilegio. “Hay que darle al asistente solo el acceso que realmente necesita, y nada más”, sostiene.
“A medida que les damos a los asistentes de IA mayor autonomía, también necesitamos mecanismos más sólidos para la separación de permisos, la aprobación de usuarios y la monitorización. El paso de la IA que nos asesora a la IA que actúa en nuestro nombre es también un paso de una discusión centrada principalmente en la privacidad a otra centrada en la seguridad del acceso y el control”, concluye Smadja.