
Cada día se generan aproximadamente 402,74 millones de terabytes de datos en el mundo, de acuerdo con Statista. Este crecimiento exponencial, impulsado por tecnologías como la Inteligencia Artificial, el IoT y otras tecnologías emergentes, está desbordando la capacidad de los modelos centralizados de procesamiento y convirtiendo el edge computing en una necesidad para las empresas. De hecho, a nivel global, el 66% de las empresas afirma que la IA ha acelerado su adopción o uso, mientras que otro 18% ha tenido que replantear por completo su estrategia en este ámbito, según S&P Global.
En este sentido, Equinix, Inc., la compañía de infraestructura digital global®, ha observado un aumento de la demanda en la conectividad de baja latencia en sus centros de datos, a medida que empresas y administraciones adaptan sus infraestructuras a las exigencias de la IA distribuida.
“Los datos se han consolidado como el recurso más valioso, pero la mayor parte de ellos ya no se generan en centros de datos centralizados, sino en el perímetro de la red, cerca de los usuarios, dispositivos y sistemas que los producen”, señala Valentín Pinuaga, Managing Director de Equinix España. “A medida que crece exponencialmente el volumen de datos, los modelos centralizados afrontan limitaciones de latencia, costes y escalabilidad que dificultan operar en tiempo real. Desplegar infraestructura en unas pocas ubicaciones ya no es suficiente para operar a escala”.
El edge como respuesta a la IA distribuida
Mientras que una demora de medio segundo era imperceptible para un usuario humano, los sistemas de inferencia en tiempo real no admiten ese margen. Aplicaciones como la visión artificial, la robótica, la realidad aumentada o los sistemas autónomos exigen latencias ultrabajas y una capacidad de procesamiento inmediata, lo que obliga a distribuir el cómputo en zonas más amplias y a situar la infraestructura allí donde se producen las transacciones o interacciones, no donde resulta más sencillo operar.
Los casos de uso varían según el sector. Por ejemplo, las entidades financieras que emplean IA para la detección de fraude en tiempo real necesitan proximidad tanto a los usuarios como a los procesadores de pago. Y los operadores de telecomunicaciones que desarrollan redes autónomas requieren infraestructura cercana a sus usuarios móviles. En ámbitos como la sanidad o la automoción, incluso pequeños retrasos en el procesamiento pueden comprometer decisiones críticas, lo que refuerza la necesidad de infraestructuras distribuidas. Las administraciones públicas, por su parte, deben cumplir requisitos de soberanía del dato dentro de sus fronteras sin renunciar a la escalabilidad para colaborar con terceros.
Esta diversidad de escenarios explica por qué Equinix ha impulsado recientemente el lanzamiento del Hub para IA Distribuida, un marco unificado que permite a las empresas conectar, proteger y simplificar sus ecosistemas de IA en sus más de 280 centros de datos, con conectividad privada y de baja latencia. La plataforma, desarrollada sobre Equinix Fabric Intelligence™, responde directamente a la necesidad de ejecutar cargas de trabajo de IA cerca de los datos y los usuarios que dependen de ellas, reduciendo la dependencia de la transferencia de datos a larga distancia y optimizando el rendimiento de las aplicaciones.
Soberanía, regulación y presión del mercado
A estos factores se suman presiones regulatorias y de mercado que están acelerando la adopción del modelo edge. Los entornos centralizados presentan retos en términos técnicos, de control, seguridad y localización de los datos, especialmente ante el escenario actual. La entrada en vigor de normativas como DORA y NIS2, junto con marcos de protección de datos como el RGPD, obliga a muchas organizaciones a garantizar la localización y la soberanía de sus datos, algo que los modelos centralizados dificultan. Al mismo tiempo, la expansión geográfica de las empresas hacia nuevos mercados y la creciente exigencia de los usuarios en cuanto a calidad de experiencia digital presionan en la misma dirección.
En España, este contexto adquiere una dimensión adicional. “La posición geográfica del país como nodo de conexión entre Europa, América Latina y el norte de África, junto con la concentración de cables submarinos en la Península Ibérica, convierte al mercado español en un punto estratégico para el despliegue de infraestructura edge de alcance regional y global”, finaliza Pinuaga.