4 claves que han marcado la evolución del teletrabajo en España

Se cumplen dos años desde que el Gobierno de España decretase el Estado de Alarma para hacer frente a la expansión del coronavirus. Una de las consecuencias directas fue el establecimiento del teletrabajo como una de las medidas clave de prevención frente a la pandemia, siempre y cuando las circunstancias lo permitieran. El trabajo en remoto dejó de convertirse en una opción para ser prácticamente una obligación para todos aquellos empleos “de oficina”, lo que llevó a establecer una Ley que lo regulase, incluyendo derechos, como la igualdad de trato y de oportunidades, derecho a la formación, derecho al abono y compensación de gastos y el derecho al horario flexible, entre otros.

Hasta entonces, el teletrabajo era una modalidad poco asentada en España, llegando apenas a tres millones de trabajadores los que podían teletrabajar en España, el 8,3% del total de ocupados, tal y como señala el INE. A lo largo de estos dos años, el trabajo en remoto se ha convertido en la modalidad preferente para muchas empresas. Aunque, en la actualidad, los datos señalan un descenso en el número de empleados que trabajan en remoto, pasando de un 19,1% tras el estallido de la pandemia a un 13,6% a finales de 2021. Estos datos evidencian que el impulso del teletrabajo en España parece que ha sido consecuencia de la pandemia, pero no continuará de manera generalizada, siendo el modelo adoptado mayoritariamente el que permite flexibilidad y la posibilidad de teletrabajo, pero sin llegar a un modelo 100%, lo que se conoce como modelo híbrido. En este contexto, Keepler Data Tech, compañía tecnológica de desarrollo de software, señala las claves que han marcado la evolución del teletrabajo desde marzo de 2020 visto dos años después.

Disponer de las herramientas adecuadas. La adopción de herramientas tecnológicas que permiten el trabajo síncrono y asíncrono han sido claves para realizar con éxito la transición desde un trabajo que hasta antes de la pandemia era esencialmente presencialista, en la mayoría de las organizaciones. Pero además de facilitar estas comunicaciones y tareas síncronas y asíncronas, estas herramientas deben sustituir lo más posible aspectos que antes se conseguían en un contexto presencial. Con la llegada de la pandemia, los workspaces facilitados por los proveedores de nube (como Gsuite o Teams) fueron una rápida solución adoptada por un alto volumen de empresas que dispararon las cifras de usuarios. Actualmente, hay tendencias de llevar esto al extremo, creando mundos virtuales que permitan simular reuniones y tableros de trabajo.

Organizaciones ágiles y adaptables ante el cambio. La pandemia irrumpió de manera drástica en los entornos profesionales. Muchas empresas pasaron de cero a cien en términos de teletrabajo de un día para otro, con la necesidad de mantener procesos, relaciones y resultados. Empezó a sonar el término “empresas resilientes”, entendidas como aquellas flexibles y ágiles a la hora de implementar cambios ante circunstancias adversas sobrevenidas. En este momento se pudo ver el valor de metodologías ágiles y modelos organizativos Management 3.0. Aquellas compañías capaces de operar bajo estos modelos son capaces de adaptarse con mayor facilidad y rapidez, mantener los equipos más cohesionados y coordinados en el desarrollo de proyectos y no ver mermado el rendimiento y la eficiencia en cambios de contexto. La innovación también juega un papel importante en este tipo de organizaciones, ya que hace a las empresas más competitivas, rentables y se adapten mejor a los cambios. Un estudio de la Fundación Cotec apunta que, si España dedicase recursos suficientes para optimizar la innovación de sus empresas, el PIB crecería un 1,8% anual adicional hasta 2025.

Cambio de paradigma en el espacio físico de trabajo. Asociado al auge del teletrabajo y la flexibilidad en el presencialismo, los espacios destinados a oficina y puestos de trabajo se han visto alterados. Con la pandemia en nuestras vidas nos quedamos en una situación incómoda: grandes inversiones en puestos de trabajo que podían suponer directamente pérdidas. La lección aquí es que quizás deberíamos empezar a reenfocar cómo consideramos las oficinas de las compañías, qué función le damos. Ya no estamos hablando de un sitio donde trabajar de una forma diaria por rutina, sino que se trataría de espacios de trabajo puntuales, con usos bajo demanda, y encuentros más orientados al trabajo en equipo, el fomento de la creatividad y el intercambio de ideas.

Datos para analizar el rendimiento y la eficiencia. Uno de los activos más valiosos de una compañía son los datos de sus clientes, pero también sus datos internos, los generados por el propio funcionamiento y rendimiento de la organización. Los meses de pandemia han obligado a gestionar equipos de otra manera, más centrados en los resultados, estableciendo KPIs y cualquier tipo de índice que permitiera medir rendimiento y resultados. Esta información es también un gran activo para las empresas que no se debería perder de vista ante la tendencia a una recuperación del presencialismo. Aumentar la capacidad de analítica de datos ayudará en la mejora de procesos, facilitará entornos flexibles de trabajo y permitirá tener una organización capaz de operar en escenarios de cambio con mayores garantías de eficiencia y eficacia.

Adelina Sarmiento, responsable de Marketing en Keepler Data Tech señala que “El teletrabajo forma parte del ADN de Keepler, ya que siempre hemos facilitado 2 días de teletrabajo a la semana. La pandemia nos ha hecho ir más allá y a día de hoy nos consideramos una compañía remote first. Aunque mantenemos una oficina física en cada país donde operamos, estamos deslocalizados y hemos convertido la oficina en un punto de encuentro ocasional para quien quiera o lo necesite. Durante estos dos últimos años también nos hemos centrado en ayudar a nuestros clientes a afrontar los nuevos retos que demandaba este nuevo contexto en el mercado. Además de ayudarles en la transformación digital en términos de infraestructuras tecnológicas y el desarrollo de productos a partir de sus datos, les ayudamos en la transformación cultural que la situación requiere, tanto para ser compañías orientadas al dato como para ser compañías capaces de ser más adaptables al cambio gracias al desarrollo de proyectos en el marco de las metodologías ágiles. Uno de los puntos más relevantes que observamos a lo largo de estos años es que las compañías que han tomado decisiones basadas en datos son más ágiles y se equivocan menos. Además, aquellas organizaciones que habían iniciado esos procesos de digitalización y estaban ya tomando decisiones basadas en datos, han podido abordar mejor los cambios de comportamiento por parte de los usuarios.”

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