¿Es el método KiVa Digital la solución al cyberbullying?

Finlandia suele ocupar los primeros puestos del informe Pisa y siempre está a la vanguardia de los países europeos de este ranking. Allí los alumnos destacan especialmente en ciencias, lectura y matemáticas. Pero en el país escandinavo también son pioneros en haber reducido drásticamente la tasa de bullying (tanto a nivel digital como presencial), gracias a la implantación del método KiVa.

Esta metodología, que responde al acrónimo de las palabras finlandesas Kiusaamista Vastaan (‘contra el acoso escolar’), es el resultado de la investigación de un grupo de expertos de la Universidad de Turku. Su éxito ha sido tal, que los casos de bullying se han reducido drásticamente y el método KiVa ya está implantado en el 90% de los colegios del país escandinavo.

El método ya se ha exportado a otros países europeos y a Estados Unidos, donde en su primer año de andadura se logró reducir el acoso escolar entre un 30% y un 50%.

Sin embargo, no es una receta mágica. No ha conseguido erradicar del todo el acoso escolar.

“La sociedad debe aceptar que el acoso existe y seguirá existiendo, especialmente entre aquellos niños que se escuden en el anonimato que ofrecen las nuevas tecnologías para realizar cualquier tipo de fechoría. Tanto el bullying como el cyberbullying son problemas que afectan dentro y fuera de las aulas y, por tanto, además de metodologías como KiVA, ahora más que nunca hay que contar con tecnologías que velen por la seguridad de nuestros hijos” advierte Hervé Lambert, Global Consumer Operations Manager de Panda Security.

La principal disrupción del método KiVa frente a todo lo que se había intentando hasta ahora para erradicar el acoso escolar es que propone una forma distinta de abordar el problema del acoso. En lugar de centrarse en la relación entre la víctima y el acosador, ponen el foco en quienes, por acción u omisión, colaboran en la violencia.

De esta manera, se implica en la resolución del conflicto a los testigos. Así, tanto los compañeros que se ríen o fomentan las situaciones de confrontación como aquellos que evitan implicarse (ya sea por miedo o por cualquier otra razón), se convierten en la solución del problema.

Quitarle ‘poder’ al agresor
Gracias al método KiVa se evita que los testigos sean cómplices. El bullying es un acto de proyección de las inseguridades del propio acosador que recurre al primitivo mecanismo de defensa de humillar a otras personas a las que percibe como más débiles. Por tanto, si el acosador pierde la posición de poder cuando su conducta está avalada por el grupo, el mecanismo deja de funcionarle y opta por dejar de atacar a otros niños.

¿Qué hacer con el Cyber bullying?
No obstante, en el plano digital, el acoso es más complejo de resolver. En muchas ocasiones los menores se parapetan en el anonimato que puede proporcionar algunas redes sociales y apps instaladas en el móvil.

Es el caso de las apps para generar contenidos anónimos como F3, una aplicación que viene a sustituir a la ya extinta ThisCrush. Aunque la finalidad de esta comunidad es conocer a otras personas, hay menores que la usan para insultar y atacar a otros e incluso para llevar a cabo acciones de acoso sexual, proponiendo ‘hot chats’.

Los adolescentes perciben el mundo de manera ‘omnicanal’
No debemos olvidar que prácticamente no existe una división entre el mundo digital y el offline. Toda nuestra vida es una convivencia entre ambas realidades y para los niños, que son nativos digitales, no hay ninguna diferencia. Por ello, los padres y los educadores tienen el doble reto de educarlos y preocuparse de ellos en ambos universos.

Por ello, debemos destacar que el ciberbullying online y a través de teléfonos móviles son la misma forma de acoso escolar que ha habido siempre. Sin embargo, tienen el agravante de que, al llevarse a cabo en dispositivos digitales, para los padres y educadores es más difícil de localizar el acoso.

Técnicamente es muy fácil llevar a cabo cualquier tipo de cyberbullying, pues se puede hacer la vida imposible a otro niño en, literalmente, un click. De hecho, en muchas ocasiones además de escudarse en el anonimato, los acosadores pueden utilizar códigos de comunicación que solo entienden sus amigos, ya sea usando emoticonos o símbolos sin aparente sentido en los perfiles de sus redes sociales.

Por todo ello, “los padres debemos preocuparnos por el hecho de que nuestros hijos puedan ser víctimas del acoso escolar, pero también debemos plantearnos si también pueden ser los acosadores. Es de vital importancia que los padres auditemos absolutamente todo lo que hacen nuestros hijos en los entornos virtuales. Así y solo así nos evitaremos disgustos que se evitan con un control rutinario”, apostilla Hervé Lambert, Global Consumer Operations Manager en Panda Security.

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