
Para entender La Capitana, primero debemos situarnos en el lienzo sobre el que Susana Martín pinta su relato. Estamos en la España del último tercio del siglo XVI. Es un momento de una intensidad asfixiante: el Concilio de Trento ha marcado las reglas del juego, la Inquisición vigila cada suspiro y el Imperio, aunque poderoso, empieza a sentir las grietas de su propia inmensidad.
Sigue leyendo