
Vivimos un momento en el que existe una gran industria del delito cibernético alimentada por intereses económicos, pero también por objetivos políticos. En los últimos meses, esta situación se ha visto agravada por la guerra (también en el ámbito cibernético) entre Rusia y Ucrania, que está afectando, en mayor o menor medida, a todos los países.
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