
En pleno 2026, la inteligencia artificial ya no es una promesa tecnológica: es un motor industrial con impacto directo sobre la infraestructura eléctrica global. Cada modelo generativo, cada sistema de entrenamiento masivo y cada servicio basado en IA incrementa de forma exponencial la necesidad de capacidad de cálculo. Y detrás de esa capacidad hay una realidad menos visible, aunque crítica: la energía. Según la Agencia Internacional de Energía, el consumo eléctrico de los centros de datos podría duplicarse este mismo año, superando los 1.000 TWh; una cifra equiparable al consumo total de Japón. Goldman Sachs Research estima que la demanda energética de los data centers crecerá un 165% antes de 2030, impulsada principalmente por la IA generativa. El impacto ya no es marginal.
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