
La industria farmacéutica entra en 2026 en un momento de transición hacia modelos operativos mucho más digitales, tras varios años marcados por la disrupción de las cadenas de suministro, la presión regulatoria creciente y el auge de nuevas terapias personalizadas. En paralelo, la competencia internacional por el liderazgo en innovación biomédica, las tensiones geopolíticas y la presión sobre los sistemas de salud para contener costes están obligando a las compañías a replantear sus estrategias y sus procesos clave.
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