Un equipo de desarrollo web tiene que lidiar, con toda probabilidad, con un proveedor de hosting. La arquitectura de su programación puede ser perfecta, el código puede funcionar según lo previsto y lo entregado aportar el valor que se esperaba, pero si el proveedor de la solución sobre la que todo ello está implementado no sigue una misma mentalidad de trabajo, todo puede jugar en su contra.
El desarrollador puede llegar a hacer tantos test unitarios como necesite pero, en la práctica, si ejecutar cada test le lleva más tiempo que pensar en cómo hacerlo, acabará por prescindir de él. Es consciente de lo que le aporta, de que es un paso necesario, pero se convierte en un impedimento en su flujo de trabajo, así que lo elimina. En otras palabras, por no tener lo más básico, prescinde de lo necesario. ¿Y qué es lo más básico? Una conexión potente en su sede, el acceso mediante balanceo de carga a un entorno saturado a peticiones o un protocolo de accesos, cambios y subidas a producción definido que contemple un plan B o incluso C, por ejemplo.
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