
Allá por 1997 (un año antes en Japón), miles de niños observaban en su nuevísima Nintendo 64 algo que no habían visto nunca: Mario se movía en todas las direcciones. El famoso fontanero, que ya había protagonizado los éxitos superventas de Super Mario Bros, por primera vez dejaba atrás las dos dimensiones y se preparaba para dar un salto que revolucionaría para siempre la historia de los videojuegos.








