
“Avísame cuando llegues” es una de esas frases que atraviesan generaciones. Está presente en despedidas cotidianas, en trayectos nocturnos o en viajes largos, y refleja algo tan básico como la necesidad de saber que alguien está bien. Durante años, esa tranquilidad dependía de un mensaje o una llamada. Hoy, la tecnología está cambiando esa forma de cuidarnos, haciéndola más inmediata y menos dependiente de recordar escribir.
En los últimos años, la tecnología ha empezado a ocupar ese espacio. Compartir ubicación, ya sea en tiempo real o solo durante un trayecto, se ha vuelto algo bastante común, sobre todo en momentos concretos como volver a casa por la noche o moverse solo. Según datos de Google y Statista, más de la mitad de los usuarios ya utiliza estas funciones en su día a día. En el fondo, lo que está cambiando es la forma en la que nos relacionamos y nos cuidamos, poder confirmar que alguien está a salvo sin sobrevigilancia. Al mismo tiempo, crece la preocupación por lo que implica compartir estos datos. Según Eurostat, el 51% de los europeos ya limita o rechaza el acceso de las apps a su ubicación, reflejando ese equilibrio cada vez más presente entre tranquilidad y privacidad.
En este contexto, empiezan a ganar peso las aplicaciones que trabajan en formas de facilitar ese acompañamiento sin que suponga una carga ni una invasión de la privacidad. Funcionalidades relacionadas con mapas y seguimiento de trayectos, pensadas para que familiares, amigos o parejas puedan saber si alguien ha llegado bien sin necesidad de estar pendientes del teléfono o de intercambiar varios mensajes. El objetivo es trasladar ese “avísame cuando llegues” a un entorno más automático, manteniendo siempre el control en manos del usuario.
Desde ēllu, la nueva app para conectar, compartir y cuidar de los tuyos de manera segura y privada, apuntan algunas claves que ayudan a entender por qué este tipo de herramientas están ganando espacio en el día a día:
- Cuidar sin interrumpir
No siempre es posible enviar un mensaje al llegar, especialmente en trayectos cortos o en momentos donde no podemos sacar el teléfono hasta después de un rato, generando malestar en el destinatario de ese mensaje. Poder compartir un recorrido o confirmar la llegada de forma automática reduce la fricción y evita preocupaciones innecesarias en la otra persona.
- Compartir solo trayectos no un informe completo
Uno de los cambios más relevantes está en cómo se usa la localización. Frente a modelos más invasivos, empieza a imponerse compartir un recorrido concreto, con inicio y fin. Saber que alguien está de camino o que ya ha llegado aporta tranquilidad sin necesidad de mantener la ubicación abierta todo el tiempo.
- Controlar qué pasa una vez compartimos esa información
No todas las herramientas gestionan igual la información y los datos de ubicación. En algunos casos esa información puede utilizarse con fines comerciales, vendiendo esos datos a terceros. Según Eurobarometer, una gran parte de los usuarios muestra preocupación por saber qué se comparte y durante cuánto tiempo está almacenada esta información. De hecho, el 70% de los usuarios reconoce su preocupación por el uso que las empresas pueden hacer de datos personales, incluso de algo tan cotidiano como un trayecto de vuelta a casa.
- Normalización en todos los entornos
Lo que antes estaba más ligado a entornos familiares se ha extendido y se ha convertido en un gesto cada vez más habitual entre amigos, parejas o incluso compañeros de piso. Este tipo de gestos se han normalizado porque encajan con una forma de cuidarse más ligera, más integrada en el día a día. Aun así, no todo vale. Para que funcionen, estas herramientas tienen que ser discretas y estar bajo control del usuario, con usos acotados y consentimiento claro. Cuando esa línea se cruza, dejan de percibirse como algo útil y empiezan a generar rechazo. La diferencia está en si acompañan o si hacen sentir que alguien está mirando constantemente.
“El reto está en que la tecnología encaje sin hacerse notar. Cuando se integra de forma natural en el hogar, aporta tranquilidad, favorece la autonomía y ayuda a que las familias vivan su día a día con mayor libertad”, afirma Yago Foncillas.