Hoy leemos… «El hombre de cristal», de Anders de la Motte

Para entender esta novela, primero hay que bajar al sótano. Literalmente. La Unidad de Casos Perdidos no es el departamento más glamuroso de la policía sueca. Es el lugar donde terminan los expedientes que nadie quiere, las investigaciones que incomodan a los de arriba y los agentes que, como Leo Asker, son demasiado íntegros o demasiado «complicados» para los despachos con vistas a la ciudad.

Esta unidad se ha convertido en el refugio de Leo, un personaje que respira autenticidad. Leo no es la típica heroína perfecta; es una mujer marcada por una infancia fuera de lo común, con una capacidad analítica asombrosa pero con una barrera emocional que la hace fascinante.

Per el Paranoias: El peso de la herencia
Y hablando de infancia, aquí entra en juego uno de los pilares de esta entrega: Per el Paranoias, el padre de Leo. Per es un apocalíptico, un hombre convencido de que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina, que crio a su hija entre búnkeres, suministros de emergencia y la desconfianza absoluta hacia el sistema.

Esa sombra paterna planea sobre toda la novela. La relación de Leo con su padre no es solo un adorno biográfico; es el motor que nos ayuda a entender por qué ella ve lo que otros pasan por alto. La paranoia de Per es, a veces, la claridad de Leo.

Un cadáver en «La Granja»
La trama arranca con fuerza cuando aparece un cuerpo cerca de La Granja, la propiedad aislada del padre de Leo. Este hallazgo no es solo un caso criminal; es una bofetada personal para la protagonista. El escenario está descrito con esa maestría sueca para hacer que el frío y la humedad traspasen el libro.

Pero la historia se bifurca de manera magistral. Mientras Leo lidia con los fantasmas de su hogar, entra en escena nuestro coprotagonista favorito: Martin Hill.

Martin Hill y el legado de los Irving
Hill, el profesor experto en Exploración Urbana (Urbex) y arquitectura, aporta ese toque intelectual y tecnológico que tanto nos gusta en este blog. En esta ocasión, Martin recibe un encargo peculiar: escribir un libro sobre la poderosa e influyente familia de Gunnar Irving.

Los Irving no son una familia cualquiera. Son el epítome del éxito y el legado sueco, pero tras las fachadas impecables de sus mansiones y su observatorio privado, se esconden grietas tan profundas como las de un glaciar. ¿Por qué querría alguien como Gunnar Irving que un experto en lugares abandonados y secretos arquitectónicos escribiera su historia? La respuesta, como podéis imaginar, es mucho más oscura de lo que parece.

La Rana de Cristal: El símbolo del misterio
Sin entrar en el terreno peligroso de los spoilers, hay un elemento que os pondrá los pelos de punta: la Rana de Cristal. Este objeto, o concepto, se convierte en el hilo conductor de una investigación que mezcla lo psicológico con lo puramente físico. Es una metáfora perfecta de la fragilidad humana y de lo que sucede cuando alguien decide que puede observar la vida de los demás desde detrás de un cristal, sin ser visto.

El ritmo de la novela es vertiginoso. De la Motte alterna con habilidad la frialdad de la investigación policial con la tensión de la exploración urbana de Martin Hill. Es un juego de espejos donde nada es lo que parece y donde el pasado de Leo Asker y el presente de la familia Irving terminan colisionando de forma inevitable.

¿Por qué leer «El hombre de cristal»?
· Por sus personajes: La química profesional (y la tensión latente) entre Leo y Martin Hill sigue siendo uno de los puntos fuertes de la serie.
· Por la ambientación: Si te gusta la estética de los lugares abandonados y la sensación de que las paredes hablan, este libro es para ti.
· Por la originalidad: De la Motte huye de los clichés del asesino en serie convencional para ofrecernos un thriller mucho más atmosférico y psicológico.

En resumen, El hombre de cristal es una novela que se lee con la urgencia de quien quiere saber la verdad, pero con el cuidado de quien teme romperse al tocarla. Anders de la Motte ha construido una arquitectura narrativa impecable donde cada pieza encaja, aunque el resultado final sea una imagen perturbadora de la naturaleza humana.

Si os gustó El asesino de la montaña, esta continuación no os va a decepcionar. Y si no habéis empezado la serie… ¿a qué esperáis para bajar al sótano de la Unidad de Casos Perdidos?

¿Conocíais ya la faceta de explorador urbano de Martin Hill o sois más del estilo de supervivencia de Per el Paranoias? ¡Contadnos en los comentarios!

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