
En el cuarto aniversario del inicio de la guerra en Ucrania, Aldeas Infantiles SOS alerta de que la infancia no solo sigue expuesta a la violencia, sino que afronta un profundo desgaste emocional tras años de incertidumbre, interrupciones educativas y estrés continuado. La organización, que ha apoyado ya a más de 600.000 personas dentro del país, subraya que la prolongación del conflicto está teniendo, además, implicaciones profundas para el desarrollo infantil.
Los niños y niñas de Ucrania continúan creciendo bajo el sonido de las alarmas antiaéreas, los desplazamientos forzosos y la incertidumbre constante sobre su futuro. Para muchos, la guerra se ha convertido en el telón de fondo de toda su infancia. Tal y como explica Serhii Lukashov, director nacional de Aldeas Infantiles SOS en Ucrania, “el impacto es inmediato y también a largo plazo. Están siendo excluidos, en la práctica, de experiencias normales de la infancia y de una participación plena en la educación y en la vida social”.
Las condiciones invernales están agravando la situación. Los ataques reiterados contra infraestructuras energéticas han dejado a numerosas familias sin luz ni calefacción durante largos periodos. Estas frecuentes interrupciones se unen a las del acceso a la educación y a servicios básicos en buena parte del país. “Emocionalmente, los niños están exhaustos. Muchos han crecido en un contexto de incertidumbre y miedo continuos”, añade Lukashov.
Desde febrero de 2022, más de 700 niños y niñas han perdido la vida en Ucrania. Hoy, casi dos millones requieren ayuda humanitaria urgente y el 70 % no tiene garantizado el acceso regular a bienes y servicios básicos. Más de 3,7 millones de personas continúan desplazadas dentro del país y 6,9 millones han buscado refugio fuera de sus fronteras, en su mayoría mujeres con niños, niñas y adolescentes.
En este contexto, desde que comenzó la guerra Aldeas Infantiles SOS ha apoyado a más de 600.000 personas dentro de Ucrania, en colaboración con organizaciones locales, y ha acompañado a cerca de 9.000 refugiados en distintos países europeos.
Respuesta sostenida en un contexto cambiante
En los últimos cuatro años, la intervención de Aldeas Infantiles SOS ha combinado la ayuda humanitaria para atender necesidades urgentes con un enfoque de acompañamiento sostenido en el tiempo que trasciende la emergencia inmediata. La organización mantiene Centros Sociales en varias regiones del país y despliega equipos móviles que atienden a familias en zonas especialmente afectadas por el conflicto, incluidas áreas remotas o próximas a la línea del frente.
En estos centros, más de 166.000 niños, niñas y familias desplazadas han recibido ayuda de emergencia, orientación y apoyo psicosocial. Asimismo, 120 Espacios Seguros para la infancia continúan ofreciendo entornos protegidos donde niños y niñas pueden jugar, aprender y participar en actividades educativas y de apoyo emocional.
La salud mental se ha convertido en una prioridad creciente. Hasta la fecha, más de 185.000 niños, niñas y adultos han accedido a atención psicológica, tanto en los Centros Sociales como a través de los equipos móviles. Además, 965 niños y niñas heridos de guerra y sus familias han recibido atención médica, apoyo psicológico y participan en programas de rehabilitación adaptados a sus circunstancias.
La respuesta incluye también apoyo económico para cubrir necesidades básicas como alimentación o alquiler, del que se han beneficiado más de 67.000 personas, y formación para la reorientación profesional de quienes han perdido su medio de vida.
El trabajo de Aldeas Infantiles SOS se desarrolla en condiciones complejas, marcadas por interrupciones eléctricas y alertas aéreas frecuentes, lo que obliga a adaptar horarios, espacios y metodologías. “Nuestra prioridad es ofrecer estabilidad y un apoyo continuado a la infancia y a sus familias, incluso cuando el contexto cambia constantemente”, señala el director nacional de la organización en Ucrania.
Una brecha social creciente
La prolongación del conflicto está teniendo un impacto desigual en la sociedad ucraniana. Numerosas familias con mayores recursos han optado por abandonar el país para garantizar la seguridad, la continuidad educativa y la estabilidad a sus hijos e hijas. Esta tendencia representa una pérdida demográfica creciente.
Al mismo tiempo, muchas otras familias en situación de vulnerabilidad, especialmente en regiones cercanas al frente, no tienen posibilidad de marcharse. Estos niños y niñas permanecen expuestos a desplazamientos reiterados, interrupciones escolares y aislamiento social. Una gran parte de ellos no ha tenido acceso continuado a una educación de calidad durante varios años y ha visto limitada su socialización con iguales, docentes y comunidad.
“Esta dinámica crea riesgos para su desarrollo y para la cohesión social, con consecuencias a largo plazo”, advierte Serhii Lukashov. Y añade: “La magnitud del impacto en la infancia es profunda. Lo que estamos presenciando no es solo un desafío humanitario, sino una crisis que afecta al futuro de toda una generación en Ucrania”.
En este cuarto aniversario, Aldeas Infantiles SOS hace un llamamiento a la comunidad internacional para que mantenga su apoyo a la infancia y a las familias en Ucrania. Garantizar la continuidad en la atención psicológica, el acceso a la educación y el fortalecimiento de las familias será determinante para evitar que las secuelas de la guerra se prolonguen durante décadas.