
La Inteligencia Artificial ya forma parte del día a día de muchos departamentos de finanzas. Sobre todo, impulsada por la necesidad de ganar eficiencia, mejorar el control y responder a entornos de creciente complejidad. Sin embargo, ese avance no se está produciendo al mismo ritmo en todas las organizaciones. Casi la mitad sigue estando en un nivel medio de madurez, un punto en el que la experimentación es real, pero todavía no existe la estructura necesaria para escalar estas capacidades de forma segura y coherente dentro de los flujos de trabajo clave.
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