
Hay lugares que parecen diseñados para esconder secretos, y luego está la Galicia que retrata Óscar Reboiras en su última incursión literaria. Si hace poco nos perdíamos por las montañas suecas con Anders de la Motte, hoy aterrizamos en un escenario mucho más cercano pero igualmente magnético y brumoso. En El caso Salgueiro, Reboiras no solo nos ofrece un thriller; nos regala una radiografía de esa «Galicia profunda» donde el silencio es una ley no escrita y las cuentas pendientes se heredan como las tierras.
Una investigación a contracorriente
La premisa de la novela nos sitúa en un entorno rural donde el hallazgo de varios cuerpos —en la zona de Salgueiro— donde se disparan una serie de mecanismos que van mucho más allá de un simple procedimiento policial. Aquí es donde Reboiras demuestra su pericia, alejándose del procedimental clásico para entregarnos una investigación orgánica, casi visceral, liderada por personajes que huelen a realidad.
La narrativa avanza con un dinamismo envidiable. El autor apuesta por capítulos cortos, de fraseo rápido y final en alto, que obligan al lector a decir ese «uno más y lo dejo» que nunca se cumple. Es una lectura eléctrica, donde el ritmo no decae porque la urgencia de sus protagonistas se contagia desde la primera página.
El tridente protagonista: Fina, Padín y Moncho
El corazón de la novela late con fuerza gracias a su trío protagonista. Fina no es la detective que esperarías encontrar en un despacho de la capital. Es una periodista recién licenciada encargada de cubrir la noticia, cuya determinación se convierte en el motor de la historia. Su «investigación», entrecomillada porque nace de la intuición y la necesidad de justicia más que del protocolo, es un ejercicio de valentía frente a un entorno hostil.
A su lado, Padín y Moncho completan un ecosistema humano fascinante. Son ellos los obreros que hallan los restos humanos mientras trabajan. La química entre ellos es uno de los puntos fuertes de la obra. No son héroes de acción; son hombres de la zona, con sus aristas y sus lealtades, que aportan ese contrapunto de autenticidad y, en ocasiones, de esa retranca tan nuestra que aligera la tensión sin restarle gravedad al asunto. Juntos forman un frente común contra la opacidad de un sistema que prefiere pasar página rápido.
Piedras en el camino: Magariños y Arturo León
Toda buena novela negra necesita antagonistas o, al menos, fuerzas de fricción que compliquen el camino. Aquí entra en juego el inspector Magariños, la cara visible de la ley oficial que, en más de una ocasión, choca frontalmente con los métodos —o las verdades— de Fina. La tensión entre la justicia institucional y la justicia «de pueblo» está magistralmente trazada.
Por otro lado, la figura del constructor Arturo León encarna ese poder fáctico tan reconocible en la crónica negra española: el hombre que ha levantado su imperio sobre el hormigón y las influencias. León representa esa barrera de arrogancia y recursos que intentará, por todos los medios, que la curiosidad de Fina no escarbe más de la cuenta. A su alrededor, una galería de personajes secundarios —unos ayudando por lo bajo y otros obstaculizando por puro miedo— tejen una red de intereses que mantiene al lector en vilo.
La Galicia de los Carboneiros y las sombras del pasado
Lo que eleva a El caso Salgueiro por encima de la media es su ambientación. Reboiras hace una descripción soberbia de la Galicia interior. No es la postal turística; es la Galicia de los Carboneiros, de los oficios que se pierden y de las sombras que proyectan los castaños. El autor logra que el clima, la humedad y el propio aislamiento geográfico sean personajes adicionales.
Los Carboneiros no son solo un grupo o un oficio en la novela; son el símbolo de una tradición que se resiste a morir y que guarda en su ADN los códigos de honor y silencio que definen el conflicto central. La forma en que Reboiras integra la idiosincrasia local en la trama criminal es orgánica, recordándonos que el entorno moldea el crimen de forma inevitable.
Veredicto final
El caso Salgueiro es un triunfo de la narrativa de proximidad. Óscar Reboiras ha conseguido escribir una novela adictiva, cruda y profundamente humana. No necesita artificios ni giros imposibles para mantener la atención; le basta con el peso de sus personajes y la atmósfera asfixiante de una investigación que parece destinada al olvido.
Es una lectura imprescindible para los amantes del género que busquen algo más que un misterio: una historia de raíces, de lucha contra el caciquismo moderno y de la búsqueda incansable de la verdad en un lugar donde las piedras tienen mejor memoria que las personas.
Sin duda, Reboiras se confirma como una voz a seguir muy de cerca en el panorama del noir nacional. Si buscan dinamismo y personajes que dejan huella, no dejen escapar este caso.