
¡Hola de nuevo a todos los apasionados de la buena lectura y bienvenidos una vez más a este rincón donde los libros son los auténticos protagonistas! Si hace apenas unos días nos sumergíamos en la atmósfera brumosa de Illumbe de la mano de Mikel Santiago, hoy cambiamos de coordenadas geográficas pero no de intensidad emocional. Nos abrigamos bien para viajar a Suecia, la cuna de algunos de los mejores thrillers de las últimas décadas, para descubrir la que promete ser una de las series más adictivas del año.
Hoy en El Candelero Tecnológico, leemos: «El asesino de la montaña», de Anders de la Motte.
Anders de la Motte no es un recién llegado, pero con esta novela inaugura una nueva etapa que nos ha dejado con ganas de mucho más. Se trata del primer volumen de la serie dedicada a la Unidad de Casos Perdidos, y os aseguro que, si buscáis una lectura que os mantenga en vilo desde la primera hasta la última página, habéis llegado al lugar adecuado.
¿De qué trata «El asesino de la montaña»?
La historia nos presenta a la inspectora Leonore Asker, una mujer con una trayectoria brillante en el Departamento de Delitos Violentos de Malmö. Asker es eficiente, inteligente y está destinada a lo más alto. Sin embargo, en el mundo de la política policial, el éxito a veces genera envidias y roces. Tras un movimiento de hilos en las altas esferas y un caso que se complica mediáticamente, Leonore es apartada de la primera línea y «ascendida» (nótese la ironía) a jefa de la Unidad de Casos Perdidos y Objetos Perdidos.
Este departamento es, básicamente, el sótano de la comisaría. Es el lugar donde terminan los expedientes que nadie quiere, los casos que se consideran irresolubles y, sobre todo, las personas que resultan incómodas para el sistema. Es una oficina de «almas perdidas» donde el polvo parece acumularse tanto en los archivadores como en las esperanzas de quienes allí trabajan.
Sin embargo, lo que parece el fin de su carrera se convierte en el inicio de su caso más desafiante. Una joven de la alta sociedad ha desaparecido, y mientras el departamento oficial sigue pistas convencionales, Leonore empieza a encontrar conexiones extrañas que la llevan a un mundo de lugares abandonados y figuras de juguete.
Leonore Asker y su peculiar unidad
Uno de los puntos fuertes de la novela es, sin duda, su protagonista. Leonore Asker no es la típica inspectora atormentada por el alcohol o un pasado traumático cliché; es una mujer pragmática cuya mayor frustración es la injusticia del sistema que la ha relegado al ostracismo. Su resiliencia es admirable, y ver cómo intenta dar dignidad a un departamento olvidado es uno de los motores de la trama.
Pero Leonore no está sola. En ese sótano se encuentra con un equipo de cuatro personajes a cada cual más peculiar. Son los «raros», los descartados, pero Anders de la Motte tiene la habilidad de dotarlos de una humanidad y unas capacidades que los departamentos «estrella» ignoran. La dinámica entre ellos aporta un matiz muy interesante a la narrativa, alejándose de los grupos policiales uniformes a los que estamos acostumbrados.
El misterio de la maqueta ferroviaria
Si hay algo que hace que «El asesino de la montaña» destaque sobre otros thrillers nórdicos es el uso de una gran maqueta ferroviaria como elemento central del misterio. Lo que en principio parece un hobby inofensivo de alguien obsesionado con los detalles, se convierte en la clave para resolver el caso.
El asesino parece estar recreando escenas o utilizando la geografía de estas maquetas para dejar pistas. Esta conexión entre el mundo real y el mundo en miniatura añade una capa de inquietud casi onírica a la lectura. La precisión con la que se describe este submundo de las miniaturas y el «urban exploring» (exploración de lugares abandonados) hace que la atmósfera sea asfixiante y fascinante a partes iguales.
Ritmo, giros y narrativa
Al igual que os comentábamos con las obras de Mikel Santiago, la estructura de esta novela está diseñada para que no puedas soltarla. Anders de la Motte utiliza capítulos cortos, lo que imprime una velocidad endiablada al argumento. Cuando terminas uno, es casi imposible no empezar el siguiente.
La facilidad para seguir el hilo narrativo es absoluta, pero no os dejéis engañar: la trama es compleja. El autor nos regala constantes giros argumentales que están muy bien tirados. Justo cuando crees que has comprendido el patrón del asesino o el porqué de las desapariciones, surge un nuevo dato, a menudo extraído de ese sótano de objetos perdidos, que te obliga a replantearte todo. La tensión se mantiene constante, haciéndonos estar alerta en todo momento.
Conclusión
«El asesino de la montaña» es una entrada triunfal para la Unidad de Casos Perdidos. Anders de la Motte ha conseguido equilibrar perfectamente la crítica a las estructuras de poder policiales con un misterio de primer nivel y un toque de originalidad gracias a esa atmósfera de lugares olvidados y miniaturas inquietantes.
Es una lectura fácil de digerir pero difícil de olvidar. Si os gustan los thrillers donde los personajes secundarios tienen tanto peso como el principal y donde el escenario es un personaje más, tenéis que leerlo. Leonore Asker ha llegado para quedarse, y nosotros ya estamos deseando saber cuál será el próximo «caso perdido» que aterrice en su mesa del sótano.