
Las empresas españolas operan en un entorno cada vez más complejo, marcado por la expansión de su superficie de exposición, la aceleración tecnológica y la creciente dependencia de terceros. A esta realidad se suma el aumento de ciberataques, impulsados por la automatización y la inteligencia artificial.
También se añade una presión regulatoria que sigue creciendo con normativas como NIS2, DORA o CRA, y un contexto geopolítico actual que eleva aún más la sensación de riesgo, configurando un escenario en el que la ciberseguridad se convierte en un desafío estructural para las organizaciones.
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