
Con Entre los muertos, Mikel Santiago pone el broche de oro a la trilogía de Illumbe, un cierre que no solo mantiene la intensidad de las entregas anteriores, sino que la eleva, envolviendo al lector en una atmósfera densa, inquietante y adictiva. La novela vuelve a situarnos en ese pueblo aparentemente tranquilo del País Vasco, donde el pasado nunca está del todo enterrado y cada secreto parece latir bajo la superficie, esperando el momento oportuno para salir a la luz.
En el centro de todo se encuentra Nerea Arruti, una detective que ya no es la misma que conocimos al inicio de la saga. Arruti es un personaje construido con capas, con grietas y con una fortaleza que no siempre es visible, pero que se manifiesta en cada decisión, en cada duda y en cada paso que da en una investigación que, desde el primer momento, huele a peligro. Su necesidad de comprender lo que ocurre a su alrededor, de atar cabos y de no dejarse arrastrar por fuerzas que parecen superarla, se convierte en el motor de una historia que avanza con ritmo vertiginoso.
La investigación que se despliega en Entre los muertos tiene ese pulso característico de Santiago: capítulos breves, giros constantes y una sensación de amenaza que no abandona al lector en ningún momento. Todo parece conectado, aunque no siempre de manera evidente, y la propia Arruti es consciente de que cada descubrimiento puede acercarla tanto a la verdad como a algo mucho más grande y oscuro de lo que imaginaba. Esa idea de estar asomándose a un abismo, de intuir que detrás de un caso concreto se esconde una red de intereses, silencios y culpas, planea sobre toda la narración.
Uno de los grandes aciertos de la novela es, sin duda, el retrato coral de sus personajes secundarios. Lejos de ser meros acompañantes, cada uno de ellos aporta una pieza fundamental al engranaje de la historia. Habitantes de Illumbe con su propio pasado, sus lealtades ambiguas, sus miedos y sus contradicciones, que enriquecen el relato y lo hacen más creíble y humano. Santiago consigue que incluso los personajes con menos presencia en página dejen una huella clara, como si todos guardaran algo que decir y, quizá, algo que ocultar.
La interacción entre Arruti y este conjunto de figuras es especialmente reveladora. A través de los diálogos, las miradas y los silencios, se va tejiendo una red de relaciones tensas, cargadas de subtexto. Nadie es completamente inocente, nadie está del todo a salvo de las sospechas, y esa ambigüedad constante alimenta el “halo de misterio” que envuelve la novela. El lector avanza con la sensación de que cualquier detalle puede ser importante, cualquier gesto aparentemente trivial puede esconder una clave.
El escenario, una vez más, juega un papel esencial. Illumbe no es solo un telón de fondo, sino un personaje más, con sus calles, sus rincones apartados y esa atmósfera de lugar donde todos se conocen, pero no todo se dice. La climatología, la luz, los espacios cerrados y abiertos contribuyen a crear una sensación de aislamiento que refuerza la tensión. Es un entorno que parece guardar memoria, donde los ecos del pasado resuenan y condicionan el presente.
A nivel emocional, Entre los muertos profundiza en los conflictos internos de su protagonista. Nerea Arruti no solo investiga un caso; también se enfrenta a sus propias sombras, a decisiones difíciles y a la presión de saber que cualquier error puede tener consecuencias irreversibles. Esa lucha interna añade una dimensión psicológica muy potente, que equilibra la acción con momentos de introspección y vulnerabilidad.
El estilo de Mikel Santiago sigue siendo directo, visual y muy cinematográfico. Las escenas se suceden con fluidez, como si el lector estuviera asistiendo a una sucesión de planos cuidadosamente montados para mantener el suspense. No hay concesiones innecesarias: cada capítulo empuja al siguiente, cada revelación abre nuevas preguntas, y la sensación de urgencia no decae en ningún momento.
Sin desvelar nada de la resolución, puede decirse que la novela cumple con creces su función como cierre de trilogía. Todas las piezas encuentran su lugar, los hilos narrativos se tensan hasta el límite y el lector se ve arrastrado hacia un desenlace que promete ser tan intenso como coherente con el camino recorrido. Entre los muertos no solo es una investigación trepidante, sino también un viaje por las zonas más oscuras del alma humana y por esos secretos que, aunque intenten permanecer ocultos, siempre acaban reclamando su espacio.
Con esta tercera entrega, Mikel Santiago consolida a Nerea Arruti como una protagonista memorable del thriller español y a Illumbe como un escenario literario cargado de vida y de misterio. Una novela que atrapa, inquieta y confirma que, en ocasiones, lo más peligroso no es lo que se ve, sino todo aquello que permanece, obstinadamente, entre los muertos.