Aldeas Infantiles SOS proporcionó ayuda humanitaria a casi 210.000 personas en 2019

Con motivo del Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, Aldeas Infantiles SOS hace balance de sus Programas de Emergencias y estima que, en 2019, sus equipos atendieron a casi 210.0000 personas en todo el mundo gracias a los 31 Programas de Emergencias que la organización tenía activos. Sin embargo, Aldeas Infantiles SOS recuerda que, según datos de Naciones Unidas, 168 millones de personas necesitarán ayuda humanitaria este año y que la irrupción de la covid-19 multiplicará su sufrimiento y sus necesidades.

A lo largo de 2019, Aldeas Infantiles SOS apoyó a niños y familias en riesgo afectados por conflictos, desastres naturales o migraciones en 20 países. En total, la organización atendió a 209.800 personas: 146.500 en África, 12.300 en América, 16.200 en Asía y Oceanía, y 34.800 en Europa. Los objetivos principales de sus Programas de Emergencias son la protección de la infancia, la reunificación de las familias y el apoyo psicológico y social.

Tener presencia en 136 países permite a Aldeas Infantiles SOS actuar con agilidad ante cualquier catástrofe, desastre natural o conflicto armado para proteger a la infancia y velar por la unión de las familias. Además, la organización capacita a sus profesionales para que puedan anticiparse a una posible emergencia y ofrecer una respuesta adecuada de forma ágil y eficaz.

Se trata de prestar la asistencia humanitaria que se necesite en cada contexto para proteger a los niños y a las niñas más vulnerables, especialmente a aquellos que se han visto separados de sus padres o que están riesgo de estarlo. En este sentido, los profesionales de Aldeas Infantiles SOS contribuyen a la reconstrucción de hogares y escuelas, suministran alimentos y artículos de primera necesidad y ofrecen refugios temporales a niños y familias.

Una labor humanitaria que viene a complementarse con una presencia más estable y a largo plazo una vez superada la emergencia. “Los niños son los miembros más vulnerables de todas las sociedades y necesitan protección especial y apoyo antes, durante y después de las emergencias. Por eso, desde Aldeas sabemos que la acción humanitaria después de un desastre no es suficiente y que hay que seguir acompañando a los niños y a las familias hasta que logran superar sus dificultades”, afirma el presidente de Aldeas Infantiles SOS de España, Pedro Puig.

Esta presencia estable y a largo plazo ha dotado a la organización de un profundo conocimiento sobre las necesidades de los niños y sus familias, y de una red de colaboradores nacionales e internacionales que le permite responder de forma inmediata cuando se produce una catástrofe.

Sergio Guerrero, responsable del Programa de Emergencia de Aldeas Infantiles SOS en Colombia, explica que su mayor motivación es “ser para los niños, niñas y familias un ejemplo de resiliencia, de solidaridad, de participación y de colaboración que puedan replicar una vez superada su situación de necesidad“.

Por su parte, Halima Ahmed Dalel, enfermera de Aldeas Infantiles SOS en un centro de salud de Somalia, explica que las mujeres y los niños con los que trabaja son desplazados internos que han perdido todo y que necesitan un refugio para protegerse de las inundaciones, la sequía o los conflictos. “Ellos están en el corazón de lo que hago. Son vulnerables, tienen grandes carencias materiales y precisan de atención médica. Mi objetivo es trabajar hasta que todos los niños y madres estén sanos. Es mi deber y responsabilidad aliviar su dolor tanto como pueda“.

#HéroesEnLaVidaReal

En el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, Aldeas Infantiles SOS se suma a la campaña de Naciones Unidas #RealLifeHeroes (#HéroesEnLaVidaReal) para rendir homenaje a los profesionales que, a pesar del riesgo y la dificultad, realizan una extraordinaria labor humanitaria en escenarios de conflicto y de crisis, y más ahora, en plena pandemia. La covid-19 no solo ha exacerbado los efectos de las crisis humanitarias ya existentes, haciendo aún más complicada y peligrosa la tarea de los trabajadores en terreno, sino que ha generado otros nuevos que resultan especialmente demoledores para los niños, niñas y jóvenes que han perdido el cuidado parental o están en riesgo de perderlo.

Las políticas para frenar la propagación del SARS-CoV-2 han paralizado de forma súbita a buena parte de la población mundial, lo que ha traído consecuencias nefastas para la infancia. El cierre de colegios, la subida del desempleo, los ajustes salariales, el confinamiento en entornos tóxicos, las restricciones de desplazamiento, las dificultades para asistir a las familias necesitadas son solo algunos de sus efectos.

La ONU calcula que este año podrían caer en la pobreza extrema entre 42 y 66 millones de niños; que más de 360 millones se han visto privados de la principal comida del día a la que accedían en los comedores escolares; que más de 1.500 millones han dejado de asistir a clases presenciales y que el aprendizaje a distancia ha acentuado la exclusión digital y la desigualdad. Igualmente, han aumentado la violencia doméstica sobre los niños, la explotación infantil y la separación de padres e hijos.

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