El exceso de ‘confianza digital’ hace de los jóvenes las ciber-víctimas perfectas

panda_jovenes.jpgLa ciberseguridad es algo que le importa poco a los más jóvenes. No nos referimos a que les interese o no como una carrera profesional de futuro, sino que la mayoría de los menores de 30 años prácticamente no percibe que existan riesgos ‘en su vida digital’.

El dato puede resultar paradójico si se tiene en cuenta que en 2020 serán necesarios 3,5 millones de nuevos profesionales expertos en ciberseguridad en todo el mundo. Sin embargo el mercado solo va a generar un 20% o 30% de esos puestos de trabajo. Por ello, es más que previsible que el desajuste entre demanda y la oferta de talento en el sector hará que se convierta en una de las ‘profesiones del futuro próximo’, con unos salarios probablemente muy bien remunerados respecto a otros puestos de trabajo ‘tradicionales’.

Otro dato inquietante es que el elevado porcentaje de los jóvenes a los que sí les llama la atención la ciberseguridad, en lugar de verla como una proyección profesional, buscan más conocer “el lado oscuro” que el “bueno”.

De nuevo resulta chocante que los chavales que se adentran en el mundo de la ciberdelincuencia lo hacen casi como un juego, donde no buscan un rendimiento económico, sino un reconocimiento social. Un informe publicado por la la Agencia Nacional de Crimen (NCA) del Reino Unido desveló el año pasado que los jóvenes que empiezan a indagar en el mundo del cibercrimen no buscan un rendimiento económico, sino el reconocimiento entre sus pares, así como la popularidad en los foros de los que forman parte.

Es el caso de un chaval norteamericano de 18 años que fue arrestado por vulnerar la seguridad de una web gubernamental de los Estados Unidos hace unas semanas. Cuando la Policía le detuvo, el chico declaró que lo había hecho por “impresionar a sus amigos de la comunidad de hackers” a la que pertenecía y “para probarse a sí mismo de lo que era capaz”.

Por todo ello, parece más que razonable creer que los más jóvenes, aquellos a los que no les preocupa su seguridad en el ‘mundo online’, sean más fáciles de timar que los más mayores.

Otro estudio publicado en el Reino Unido muestra que las personas más jóvenes, especialmente los menores de 44 años, sufren un “exceso de confianza digital”. Esto facilita mucho el camino de los cibercriminales para hacerse con el acceso a su cuenta corriente. De hecho, el robo de datos de tarjetas de crédito y las estafas basadas en la suplantación de identidad (phishing) están a la orden del día.

Los ataques se acentúan durante las rebajas y el Black Friday
“Las épocas del año en las que somos más vulnerables suelen coincidir con los periodos de rebajas. Por ejemplo, durante la semana de Black Friday todas las personas que tenemos un móvil o un ordenador vamos a recibir diariamente varios ciberataques. La mayoría serán en forma de emails no deseados y anuncios fraudulentos en redes sociales que redirigen a webs se hacen pasar por las páginas oficiales de las marca“, advierte Hervé Lambert, Global Consumer Operations Manager de Panda Security.

Pero tampoco debemos olvidar que llegaremos a muchas de esas webs tras hacer una búsqueda en Google. Por ello, “es muy importante contrastar que las ofertas demasiado buenas sean ciertas. Nadie regala nada en la vida. Si vemos un anuncio con un descuento del 70% u 80%, lo primero que se debe hacer es desconfiar y buscar en Google a ver si es o no la web oficial de la marca”, añade Hervé Lambert.

Por lo general los jóvenes no son víctimas de grandes robos, sino de estafas en las que les venden productos falsificados en los que además, en muchas ocasiones se convierten también en un goteo incesante de micro-robos. Es decir, los cibercriminales no le vacían las cuentas corrientes a sus víctimas después de venderles un producto falso en Internet. En lugar de eso, después de la venta, gestionan que se ejecute un cobro a modo de domiciliación bancaria de una pequeña cantidad de dinero, que no suele llegar ni a los 50 euros, de forma periódica.

Si se observa el robo a largo plazo, se trata de una estafa muy golosa para los ciberdelincuentes, ya que si se convierte en goteo de dinero continuado en el tiempo, cada víctima puede acabar perdiendo cantidades que superan los 600 euros anuales de media.

Los adolescentes corren más riesgos de malware y acoso
Por su parte, los adolescentes son más propensos a ser víctimas de virus informáticos como el ransomware o el cryptojacking, así como de ataques que afecten más a su vida privada, como el cyberbulling y el acoso.

Se trata del segmento de la población que usa menos medidas de seguridad en sus teléfonos y ordenadores. “Por lo general, los adolescentes tampoco perciben los riesgos de Internet y, aunque sus padres tengan un plan familiar de protección de todos los dispositivos de la casa, no suelen querer formar parte de esos planes, porque creen que se menoscaba su ‘independencia’. Esto es un error que los padres no debemos permitir. Al igual que no permitimos que nuestro hijo adolescente conduzca bajo los efectos del alcohol, tampoco deberíamos permitirles que naveguen por internet sin supervisión paterna”, apostilla el Global Consumer Operations Manager de Panda Security.

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