
El Black Friday se ha convertido en una prueba de estrés que revela cómo evoluciona el comercio electrónico. Los consumidores adelantan cada vez más sus compras navideñas, comparan precios durante semanas y concentran gran parte de su gasto en estos picos estacionales, lo que dispara tanto el tráfico como la presión operativa de los ecommerce. En este escenario, la capacidad de soportar subidas bruscas de tráfico, mantener un rendimiento óptimo y ofrecer una experiencia de compra sin fricciones puede marcar la diferencia entre ganar un nuevo cliente o perderlo para siempre.
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