
Durante años, la trasformación en banca se ha basado en acumular: más canales, más plataformas, más capacidades. Pero el tablero ha cambiado. Hoy, el reto ya no es seguir sumando herramientas, sino aprender a organizarlas para que convivan en un modelo operativo coherente. Y el contexto español demuestra que está preparado para ello: con un beneficio agregado cercano a los 40 mil millones de euros en 2025, las entidades disponen de musculo financiero, liquidez y un sistema sólido capaz de impulsar la transformación digital de las empresas.
Tomás Golding, Head of Financial Services & Capital Markets de VASS, señala que la modernización pasa por complementar lo que impulsa el negocio con lo que garantiza estabilidad y adaptación a la regulación. En este marco, los expertos de VASS, compañía global de transformación digital, han identificado distintas tendencias que redefinirán este año los tres pilares esenciales de las entidades: los canales, las operaciones y las tecnologías core, siendo la IA el hilo conductor, por su capacidad de combinar todos estos elementos eficazmente.
Tendencias del sector bancario de cara a 2026
- Personalización dinámica. Este concepto surge como una evolución de la hiperpersonalización, ya que el cliente de banca es bastante exigente. La personalización dinámica aporta inmediatez, al aparecer cuando el cliente lo necesita; reduce la fricción, al reducir pasos y anticipar decisiones para evitar el abandono; y tiene un impacto operativo real al reducir esa carga operativa, minimizar errores y mejorar la eficiencia.
- La IA entra en la operación. En 2026, la banca española inicia un cambio estructural con la incorporación de agentes inteligentes capaces de orquestar procesos de extremo a extremo. El reto ya no es tecnológico, sino operativo: reducir la fragmentación y la dependencia de microtareas humanas. Los agentes permiten acelerar procesos clave, reduciendo tiempo, costes y errores. El valor real surge cuando los agentes cooperan y no como automatizaciones aisladas.
- Interoperabilidad. Tras años de digitalización basada en capas en arquitecturas heredadas, los bancos afrontan un nuevo obstáculo. Interoperar significa desacoplar, estandarizar y modular, permitiendo responder a exigencias regulatorias y escalar la IA sin rehacer toda la arquitectura. La interoperabilidad se convierte en una vía para crecer y modernizarse sin asumir los costes y riesgos de un cambio de estructura completo.
- Activos digitales. La banca española está marcada por dos dinámicas: la tokenización institucional y la adopción de criptoactivos. El 50% de los bancos a nivel mundial están explorando la tokenzación institucional, que es la transformación de datos privados (por ejemplo, el número de una cuenta corriente) en un equivalente digital inofensivo o “token” (por ejemplo, un código alfanumérico que sustituye ese número de cuenta). Los criptoactivos, en cambio, dejan de ser algo marginal y convergen con la tokenización hacia la generación de plataformas bancarias que son un puente entre activos tradicionales tokenizados y activos nativos digitales.
- Regulación europea. Más del 70% de los bancos deberá revisar su gobernanza de IA, incorporando explicabilidad (para entender como ha llegado el algoritmo a sus resultados), control centralizado y supervisión de sistemas. A ello debe sumarse la plena aplicación de DORA y el marco MiCA, que regula la custodia, emisión y operación con activos digitales. Con la regulación, en 2026 se sentarán las bases para integrar IA, agentes y activos digitales equilibradamente, convirtiéndose en una ventaja competitiva para la banca.
- La eficiencia operativa como prioridad estratégica. La banca opera bajo múltiples presiones: márgenes ajustados, clientes exigentes y una regulación creciente; lo que hace que la eficiencia sea la que defina qué se hace y cómo. Frente a la presión de los neobancos, las entidades tradicionales deberán avanzar hacia la simplificación y la externalización end-to-end, apoyadas en automatización y agentes. Así, nace el concepto ZeroBackOffice para reducir la intervención humana en back-office y trabajar con estructuras más ligeras y sostenibles.
2026 se perfila como un punto de inflexión para la banca española, convirtiéndose en un año para ejecutar ordenar y reflexionar. Estas tendencias son direcciones que van a estructurar la banca europea, pero en 2026 se añade algo nuevo: la urgencia. La combinación de personalización dinámica, agentes de IA, interoperabilidad, activos digitales, regulación y eficiencia dibujan un modelo bancario más ligero, resiliente y preparado para escalar. En palabras de Tomás Golding, “la banca que lidera no es la que adivina mejor el futuro, sino la que es capaz de adaptarse con orden, ejecutar con consistencia y simplificar sin perder ambición”.