Más de la mitad de los españoles afirma que escribir es un don innato, aunque la IA entre en juego

¿Escritor de cuna o de ‘cunIA’? Este Día Internacional de la Educación, el estudio Fnac Voices 2025 se sumerge en uno de los debates más candentes del panorama cultural: la relación entre el talento humano y la irrupción, cada vez más potente, de la Inteligencia Artificial. El estudio afirma que un 56% de los españoles tiene la convicción clara de que la escritura es un don innato. Pero, ¿qué sucede cuando la tecnología entra en juego? ¿Podría la Inteligencia Artificial convertir a cualquiera en un Shakespeare moderno?

Y es que, al profundizar en si se nace o se hace, la cosa se pone aún más interesante. Si bien la mayoría (56%) sigue creyendo en el toque mágico innato, un 21% se muestra más pragmático y piensa que depende del tipo de escritura. Destaca la Generación Z (los de 18 a 29 años), que son los que más se aferran a la idea de que, con práctica y dedicación, uno puede llegar a ser un escritor de primera (23% frente al 15% del total general).

Pero y ¿cómo encaja la IA en este puzzle? Pues un 9% de los encuestados ya cree que con IA cualquiera puede escribir un libro. Este porcentaje, aunque minoritario, ya nos pone sobre la mesa el dilema entre la esencia humana de la creatividad y la facilidad que promete la tecnología. De hecho, la cosa es tan seria que un contundente 83% pide a gritos al Ministerio de Cultura que ponga límites a la IA para proteger la autoría y la chispa humana.

A pesar de todo este boom tecnológico y las redes, el hábito lector de los españoles aguanta el tirón. Un 84% asegura que sus costumbres de lectura no han cambiado. Eso sí, hay un 7% que confiesa leer ahora menos… y todo por la gran pereza que les da que todo el mundo hable sin parar del mismo libro.

Por tanto, mientras que la Inteligencia Artificial se consolida como una poderosa herramienta para la creación y el conocimiento, se subraya que su verdadero valor se maximiza únicamente cuando es guiada por la mente humana. Es la capacidad humana de profundizar, de intuición y de comprensión la que convierte a la tecnología en una extensión, no en un sustituto, reafirmando la necesidad del talento de la inspiración, del arte de escribir, y, sobre todo, del arte de la educación.

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