
La soberanía digital ha dejado de ser un debate conceptual para convertirse en una prioridad estratégica y operativa para gobiernos y empresas europeas. Así lo indica Zscaler, Inc., empresa líder en seguridad en la nube, que advierte de que los próximos doce meses serán clave para la implementación real de este nuevo enfoque.
“Estamos siendo testigos de un cambio estratégico de los responsables políticos europeos en materia de tecnología e independencia digital. Se está produciendo un gran cambio en la psicología y la percepción entre los actores clave tanto tecnológicos como políticos”, asegura Casper Klynge, vicepresidente y jefe de alianzas gubernamentales y política pública para EMEA en Zscaler.
Europa exige datos privados, seguros y locales
“Las preocupaciones en torno a la soberanía digital son reales y están bien fundamentadas. La incertidumbre geopolítica actual tiene un impacto directo en los debates sobre autonomía e independencia tecnológica, y es importante comprender que no se trata de inquietudes abstractas”, añade Klynge.
En este sentido, la compañía de ciberseguridad destaca que uno de los ejes centrales de esta transición es la protección y localización de la información crítica. En un entorno donde los datos se mueven entre plataformas globales y múltiples jurisdicciones, las empresas europeas buscan reforzar su capacidad para mantener el control efectivo sobre su infraestructura digital. Tal como señala Klynge, “los datos de Europa deben ser privados, seguros y locales”, lo que implica garantizar su protección frente a ciberataques, interrupciones derivadas de crisis geopolíticas o fallos en infraestructuras internacionales como los cables submarinos.
Un año decisivo para llevar la soberanía digital a la práctica
Zscaler prevé que el próximo año será decisivo, ya que las empresas pasarán de debatir sobre la soberanía digital a implementarla de forma tangible. “Durante los próximos doce meses, la soberanía digital pasará decisivamente del nivel conceptual al nivel operativo”, apunta Klynge, advirtiendo además que proliferarán soluciones que se autodenominen “soberanas”, por lo que será esencial que los clientes distingan qué propuestas son realmente fiables y cuáles no lo son.
“Es esencial evitar que todas las empresas tecnológicas no europeas sean tratadas de la misma forma, haciéndoles imposible operar en Europa. Los proveedores tecnológicos de confianza que contribuyen a la soberanía europea en la práctica, y no solo en el discurso, deben ser habilitados para seguir impulsando esta visión”, concluye Klynge.