
En 2026, los delitos financieros seguirán siendo cada vez más sofisticados. Las redes de fraude son cada vez más complejas, la actividad transfronteriza se ha disparado y las complejas estructuras de los clientes dificultan la verificación real del titular.
Como resultado, las cuestiones normativas relacionadas con KYC, AML y, en general, todo el ciclo de vida de la gestión de los delitos financieros seguirá siendo prioritarias, ya que las instituciones intentan mantenerse al día frente a las amenazas que están en constante cambio. Por su parte, los reguladores ya no aceptan grandes volúmenes de alertas como sinónimo de control eficaz. Exigen precisión, transparencia y programas de KYC impulsados por señales reales de riesgo, en lugar de revisiones programadas y estáticas.
Desde Appian observamos una transición clara hacia modelos de KYC perpetuo y event‑driven, en los que los controles se activan por eventos significativos (cambios en el comportamiento, en el perfil de riesgo o en la estructura de propiedad). El objetivo ya no es “producir más alertas”, sino generar menos señales, pero mucho más relevantes y de alta calidad, reduciendo al mínimo los falsos positivos que saturan a los equipos de cumplimiento.
Puesta en práctica de la IA
Otro tema importante que se mantendrá en 2026 es el uso de la IA. En 2025 se demostró que la IA dejó se ser un experimento para ponerse en práctica gestionando documentos, clasificando revisiones, distribuyendo casos y reduciendo el esfuerzo manual repetitivo. La IA generativa ha facilitado especialmente tareas manuales como el procesamiento y entendimiento de documentos complejos.
Sin embargo, este avance trae consigo nuevos riesgos y responsabilidades. En 2026, las empresas necesitarán marcos de gobernanza que integren la IA directamente en los flujos de trabajo con los controles, la responsabilidad y la transparencia adecuados. Desde nuestra experiencia en Appian, trabajando con entidades financieras en múltiples geografías, vemos con claridad que la cuestión ya no es si usar IA o no, sino cómo y dónde integrarla. De hecho, la IA solo genera valor cuando está integrada donde realmente se realiza el trabajo.
Por eso, las entidades están definiendo marcos de gobernanza donde la IA se incrusta en procesos concretos (onboarding, KYC, gestión de alertas, expedientes de cliente…), con mecanismos de explicación de decisiones, supervisión humana y auditoría. Las organizaciones que combinan IA con una plataforma de orquestación como Appian están logrando mejoras medibles en tiempos de respuesta, calidad de los controles y experiencia de cliente, sin perder de vista el cumplimiento regulatorio.
Modernización y fin de los sistemas fragmentados
En paralelo, la modernización tecnológica seguirá siendo decisiva. Los sistemas fragmentados alcanzaron su punto de inflexión en 2025, impulsando a las instituciones financieras hacia capas de orquestación unificadas que conectan los núcleos heredados, carriles de activos digitales y datos de terceros en una única vista operativa. En Appian vemos una convergencia clara entre la IA operativa, la tecnología de contabilidad digital y presiones socioeconómicas más amplias. En muchos casos, la clave ya no es sustituir todos los sistemas legados, sino orquestarlos de forma inteligente sobre una plataforma que permita definir procesos, reglas y controles de manera centralizada y adaptable.
Hacia la armonización entre pagos fiduciarios y digitales
El sistema financiero del futuro requerirá una coordinación fluida entre los libros de contabilidad digitales y las monedas fiduciarias tradicionales. Los clientes esperarán poder realizar transacciones seguras con ambas sin percibir la complejidad que hay detrás. Desde la perspectiva del usuario final, estas transacciones de estos tipos de monedas deberían ser simples y transparentes, pero lo cierto es que se trata de dos ecosistemas totalmente separados y que construir puentes seguros entre ellos es extremadamente complejo. Aun así, algunos pioneros ya están demostrando que es posible. Towerbank, en Latinoamérica, ya está facilitando el movimiento entre monedas fiduciarias y criptoactivos, un proceso que actualmente requiere navegar por dos ecosistemas separados.
Este modelo crecerá de forma significativa. Los activos tokenizados introducirán nuevas obligaciones operativas en materia de conciliación, valoración, tratamiento fiscal y liquidación multicanal. Iniciativas como la petición de NASDAQ a la SEC para tokenizar su mercado acelerarán la adopción. A medida que se vayan concretando regulaciones sobre las stablecoins, como la ley GENIUS de EE. UU. y los nuevos marcos normativos de la UE, las instituciones irán construyendo el ecosistema operativo al mismo tiempo que se definen las normas. Desde Appian, vemos que aún no existe un camino único y claro, lo que obliga a las empresas a construir este camino sobre la marcha, por lo que la flexibilidad tecnológica y la capacidad de rediseñar flujos rápidamente se convierten en factores críticos.
Por último, el cambio hacia los pagos en tiempo real y los flujos de transacciones más dinámicos seguirá transformando el sector. La liquidación transfronteriza avanza hacia el tiempo real, lo que reduce el margen para la evaluación de riesgos y ejerce una presión adicional sobre los controles obsoletos. A medida que estos cambios se aceleren, las empresas necesitarán mucha más flexibilidad en la gestión de riesgos y la adaptación de procesos en tiempo real. Las organizaciones que apoyan su operativa en plataformas como Appian pueden rediseñar reglas, flujos y controles con rapidez, sin tener que reconstruir toda su arquitectura tecnológica cada vez que cambia la regulación o el entorno de amenazas.
En 2026, el cumplimiento eficaz ya no se medirá por el número de alertas generadas, sino por la capacidad de combinar IA gobernada, orquestación de procesos y una integración fluida entre el mundo fiduciario y el digital para ofrecer controles más inteligentes, menos invasivos y mucho más efectivos.
Por Estefanía Vázquez, Regional Vice President for Spain FSI, Portugal & Middle East, Appian