
El sector de la construcción afronta 2026 en un contexto de máxima exigencia, marcado por la presión sobre márgenes, el incremento de los costes, especialmente en energía y materiales, la volatilidad en la cadena de suministro y la escasez de talento cualificado. A ello se suma el aumento de la complejidad de los proyectos y un entorno regulatorio cada vez más estricto, lo que está obligando a las compañías a replantear sus modelos operativos. En este escenario, la tecnología ha dejado de ser un elemento de apoyo para convertirse en un factor estructural de competitividad, control y eficiencia operativa.
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